La “Cuna de mil recuerdos, de amores y de nostalgias” celebra sus 91 años de historia

“…Si pasas por mi provincia con tu familia viajero, verás que lindo es el río desde el Puente Carretero, es cuna de mil recuerdos de amores y de nostalgias, corazón entrelazado entre Santiago y La Banda…” citan las primeras líneas de la mundialmente canción creada por Carlos y Peteco Carabajal para plasmar en el imaginario de miles de personas la hermosura que emana el Puente Carretero.

Este símbolo arquitectónico santiagueño cumple hoy 91 años de historia, forjando el crecimiento económico y social desde su habilitación. Fue gestionado por la presidencia de Hipólito Yrigoyen, la gobernación local de Manuel Cáceres y una reconocida ferroviaria. Pero se cuenta también que la inmensa obra fue donada íntegramente por el gobierno alemán como acto de reparación hacia nuestro país, aunque algunos aseguran que “es otro de los mitos santiagueños, como el de la Telesita o la Salamanca”. Durante la Primera Guerra Mundial los europeos habrían confundido dos barcos de la República Argentina con los del enemigo, hundiéndolos a cañonazos. Así, un acuerdo diplomático habría dado inicio a la obra estrenada en 1927, tres años después de la primera excavación, generando gran expectativa local. Empresa nada sencilla, había que cruzar el poderoso río en diferentes tramos, sorteando las crecidas y los misterios del Dulce.

Toda la población vivenció el alboroto en los alrededores: enormes y continuos movimientos de arena en estación invernal sentaron de a poco los pilares sustentadores 16 metros bajo tierra. Rodillos de 30 centímetros de diámetro, fabricados en acero cementado, serían los encargados de absorber las vibraciones, manejando asimismo la dilatación y contracción derivada de las cambiantes temperaturas norteñas. Ya con 12 tramos de 70 metros, el Carretero se erigía como una obra de vanguardia por tamaño y características estructurales. Era un gran mecano que tomaba forma con los días, y cuyas piezas, traídas desde la ciudad alemana de Rhur, sumaban 6400 toneladas de acero plateado. Sólo por citar un número curioso, se estima que fueron empleados dos millones y medio de remaches. Famoso por sus riadas, el Dulce no daba tregua, y la empresa Müller-Binda, gestora de la construcción, debió suspender varias veces los trabajos durante el verano. Pero el destino estaba sellado, y de a poco fueron cobrando vida los 14 metros de altura de su parte central, arqueándose hacia los extremos, sobre los cuales se apoyaban las vías del ferrocarril y el paso automovilístico.

En marzo del año 2001, fue declarado Monumento Histórico Nacional.