La historia del DT que quedó descalzo para ayudar a uno de sus jugadores movilizó a solidaridad

 

Hace una semana, la imagen de Gustavo More descalzo, dirigiendo el entrenamiento del equipo de fútbol de Juventud Unida de Quimilí, recorrió las redes sociales y los medios de comunicación locales y nacionales. Se había quitado sus botines para dárselos a Gerardo Quiroga, uno de sus jugadores de la reserva que se había quedado a un lado de la cancha porque no tenía calzados adecuados para hacer lo que más le gusta: jugar a la pelota.

Aquella historia se viralizó rápidamente y casi a la misma velocidad se multiplicaron las expresiones de reconocimiento desde los lugares más impensados, de personas que se emocionaron por el gesto.

El lunes, esta historia tuvo una nueva vuelta de rosca, cuando aparecieron en el predio del club representantes de la Universidad Campesina de Ojo de Agua, quienes llevaron un par de botines nuevos para Gerardo, el jugador de la reserva que no pudo ocultar su emoción por semejante demostración y agradecimiento, no solo para sus benefactores de la Unicam, sino en especial para su entrenador, quien le hizo entrega personalmente de los calzados que estrenó de inmediato.

Ángel Strapazzon, representante de la entidad de Ojo de Agua, dijo al sitito digital El Rayo Quimilí que esta historia es digna de ser tomada como ejemplo y que movilizó a la reflexión en los alumnos de la universidad sobre el compromiso de ser solidario.

Es así que no dudaron en llegarse hasta Quimilí y entregar los botines a Gerardo, quien tiene 15 años, es hijo de un peón rural y cursa el tercer año del Colegio Industrial. Vive junto a sus dos hermanos y su madre en una humilde vivienda del barrio Calasanz.

Pero este sueño no termina. El próximo sábado, cuando se inicie el campeonato de la Liga Quimilense de Fútbol, Gerardo hará su debut vistiendo los colores de Juventud Unida y luciendo los flamantes botines que recibió de regalo este lunes, como testimonio de la grandeza del DT Gustavo More, quien lo dirigirá desde el banco y le repetirá la frase que le dijo hace una semana, después de haber quedado con los pies desnudos detrás de la línea de cal: “Dale chango, entrá a la cancha y jugá”.