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Entre el cielo y el infierno

Entre el cielo y el infierno

Por Marcela Arce*

El sacerdote Carlos Alberto Dorado, imputado por abuso sexual agravado, se habría aprovechado de la vulnerabilidad de los adolescentes a quienes acompañaba pastoralmente. Los testimonios de ex integrantes de su grupo misionero desnudan situaciones “sospechosas” y visibilizan una conducta “inadecuada”. El repudio al silencio cómplice de la Iglesia.

“El pueblo de Dios debe ser tu ocupación y tu preocupación. Que en tu calidad pastoral, que busca conocer a las ovejas, nunca te quede ninguna oveja por conocer, que siempre vayas a buscar a aquellas que están lejos y las que son reacias quizás por resentimientos”, le dijo Mons. Adolfo Uriona a Carlos Alberto Dorado, el jueves 12 de marzo de 2009, cuando lo ordenó sacerdotalmente. En una colmada Catedral “Nuestra Señora del Valle”, epicentro de la Diócesis de Añatuya, el novel sacerdote agradeció a todos aquellos que formaron parte de su formación pastoral y dedicó un párrafo especial a “la comunidad de Bandera, que me adoptó, mientras he dado los primeros pasos de mi experiencia”.

No era para menos, la ciudad de Bandera le había abierto las puertas. Mientras aún era seminarista, desarrolló su labor pastoral en la parroquia San Francisco Solano y, simultáneamente, comenzó a desempeñarse como profesor del Instituto Secundario “Monseñor José Weimann”, una institución educativa de gestión privada, mixta, de jornada simple,con orientación en valores de la religión católica, que ofrece servicios educativos en nivel primario y secundario. El secundario otorga el título de Bachiller con orientación en Ciencias Sociales y Humanidades.

En ese ámbito es donde Carlos Dorado comienza a relacionarse con adolescentes y jóvenes de la ciudad de Bandera. A los estudiantes de ese colegio les propone crear el Grupo Misionero “Santa Teresita del Niño Jesús”.
Dorado parecía un verdadero entusiasta en la institución educativa y misionera, sin embargo, en ese ámbito es donde se habrían producido los abusos sexuales a dos menores de edad, quienes asistían al colegio y formaban parte del grupo.

Tal como se explicó en el artículo anterior publicado en la revista La Columna (Nº 1382), en una profunda investigación titulada “Iglesia encubridora”, dos adolescentes que tenían 15 y 16 años habrían sido víctimas del sacerdote. Si bien los hechos sucedieron en 2008, ellas se atrevieron a denunciar a Dorado, ante el Obispo Uriona, en 2013. Mientras que la denuncia penal la realizaron en agosto de 2016 y enero de 2020. Por la primera de esas denuncias, Dorado está imputado de “Abuso sexual agravado”.
Pero no fue una investigación más. Al contrario, fue el inicio de algo mucho más grande, que apenas está comenzando y que podría tener amplias derivaciones.

A FAVOR Y EN CONTRA
Apenas la investigación comenzó a difundirse, las aguas se abrieron en Bandera. Por un lado, pasaron del asombro al apoyo a las mujeres víctimas. Por el otro, tomaron como mentira a la publicación, aun cuando hay una investigación penal en curso y una imputación grave contra el sacerdote. A la vez, mientras unos repudiaban el accionar del cura, otros acusaban a las jóvenes, no solo descreyendo de sus afirmaciones sino calificándolas de la peor manera, e incluso aduciendo que si había pasado “algo” era porque ellas se “lo habían buscado”. Dijeron también que al ser Dorado un cura joven, “chicas se le tiraban encima”.

Otros fueron más allá y dijeron que se trata de una campaña feminista para desprestigiar la labor de la Iglesia. Que las “feminazis” son capaces de “cualquier cosa” con tal de aparecer en los medios.
Argumentos más, argumentos menos, así se planteó la situación en Bandera. Mientras tanto, el Obispado de Añatuya fue un verdadero “hervidero”.
Aunque La Columna intentó en repetidas ocasiones mantener contacto con algún miembro de la curia, no fue posible. Siempre estaban ocupados, no podían, no estaba la persona a cargo, o no tenían nada que decir al respecto. Al final, dijeron que “desde el Obispado no se van a hacer más declaraciones”. (Ver más abajo)

¿PÁRROCO?
Sin embargo, a través de Radio Nacional, el sacerdote Hernán González Cazón, quien fuera administrador y secretario canciller de la Diócesis de Añatuya durante el período en que se realizaron las denuncias de las jóvenes contra Carlos Dorado, confirmó el juicio canónico contra Carlos Dorado, tal como lo había explicado esta editorial.
Asimismo, señaló que “la resolución que se tomó fue suspender por 6 meses al sacerdote, también se le señaló la obligación de realizar una terapia psicológica adecuada para estar al tanto de cómo evoluciona”.

Es más, indicó que “la medida, desde el punto de vista de su ministerio sacerdotal, fue de seis meses, luego volvió a trabajar, a ejercer en su ministerio. No como párroco, pero sí como colaborador”. (Ver más abajo)
Y aquí aparece surge una duda. En el artículo 3 de la resolución a la que hace referencia, firmada por Uriona el 31 de mayo de 2014, dice explícitamente: “Prohibición del oficio de párroco por el término de 10 años”. Entonces, cuál es la diferencia de conceptos. Qué significa ser párroco y qué se entiende por el ejercicio del ministerio sacerdotal.

Sacerdotes son aquellos que han recibido el segundo o el tercer grado del sacramento del Orden sacerdotal. Popularmente se identifica al sacerdote solo con el presbítero (a quien se llamado padre o cura), si bien son sacerdotes también los obispos, pero no los diáconos. De hecho, la expresión es utilizada como sinónimo de presbítero, palabraconsiderada preferible en cuanto es más precisa y concreta que sacerdote. La palabra cura sería apropiada usarla solo para aquel presbítero que tiene a su cargo la cura pastoral en una parroquia; es decir al cura párroco y a lo sumo a los vicarios parroquiales.
En general el sacerdote se preocupa de su parroquia, celebrando misa y administrando los sacramentos a la comunidad.

¿Y LA PROHIBICIÓN?
Entonces, si Carlos Dorado se convirtió sólo en “colaborador” de la parroquia “El Santo Cristo”, de Santos Lugares, en el departamento Alberdi, ¿por qué oficiaba misas on line? ¿Por qué aparecía concelebrando la eucaristía en diversas ocasiones, no sólo en su capilla, sino también en su área de influencia, incluso en el Santuario de la Virgen de Huachana? Si bien la página de Facebook de la capilla fue eliminada apenas surgió la publicación, aún se encuentran imágenes en distintos lugares. También se lo ve junto a grupos de jóvenes misioneros, de niños recibiendo la primera comunión y en múltiples celebraciones religiosas en las cuales no debería participar, puesto que sólo es “colaborador”, no párroco.

También resulta llamativo que si Dorado ya no era párroco, participara junto al obispo José Luis Corral de una convivencia del clero en la localidad de Raco, Tucumán, realizada entre el 17 y el 21 de febrero de 2020. La información, emanada del obispado, dice claramente que “los 24 sacerdotes que conforman el clero en la diócesis de Añatuya vivieron la XV convivencia del clero diocesano”.
“Los presbíteros compartieron momentos de diálogos y oración, de recreación y de reflexión sobre diversos temas relacionados con el ministerio y las actividades pastorales”, añade el texto explicativo.
Qué hacía Dorado allí, junto a 23 sacerdotes y un obispo, si ya no es párroco, sólo “colaborador”.

Del mismo modo, Dorado aparece en primer plano en una fotografía de El Liberal, en una nota del 5 de diciembre de 2018, donde dice que “los presbíteros de la Diócesis se trasladaron a Tucumán a visitar al obispo José Meliton Chavez, quien tenía sufría de problemas de salud. También explican que concelebraron una misa junto al prelado.
O sea, Dorado ya no era párroco, y no lo será hasta 2024, si se tiene en cuenta la sanción que firmó Uriona de 10 años de prohibición. Entonces, ¿por qué la curia de Añatuya aún lo considera como tal?

Encubrimiento, no. Quizá sólo fue darle un “lugarcito” a Carlos Dorado, encontrado culpable por delitos contra un menor de edad –en este caso abuso sexual- por el Derecho Canónico, y ahora llamado “colaborador”.
En qué quedó la prohibición de Uriona, la misma que el obispo José Melitón Chávez dijo: “Doy fe que se está aplicando de acuerdo a lo decretado”.

REPUDIO A LA IMPUNIDAD ECLESIÁSTICA
Pero más allá de un posible encubrimiento de la Iglesia a los posibles abusos sexuales cometidos por Dorado -aunque ya fue encontrado culpable por del Derecho Canónico-, el informe de La Columna abrió un fuerte debate en la comunidad de Bandera.
Por un lado, comenzó a correr como reguero de pólvora un comunicado de ex alumnas del Instituto Weimann, titulado “Repudio a la impunidad eclesiástica”.

“A raíz de las denuncias de abuso sexual agravado contra Carlos Alberto Dorado en enero del corriente año, ex alumnas del Instituto Monseñor José Weimann N° 19 y ciudadanos de la Ciudad de Bandera, necesitamos expresar la extrema preocupación e indignación que genera la impunidad de los victimarios”.
“Consideramos este hecho totalmente violento; pero aún más violento es el silencio de las autoridades de las instituciones implicadas, haciéndose partícipes y cómplices de un sistema corrupto y negligente”
, añade el comunicado.

Asimismo, se señala que “empatizamos con las víctimas no sólo por ser contemporáneas; sino porque creemos firmemente que es hora de asumir la responsabilidad que implica participar en la educación que reciben los adolescentes de nuestra comunidad y en la generación urgente de espacios -todavía inexistentes- de apoyo, asistencia e instrucción sobre temáticas de género, sexualidad y ciudadanía”.
A la vez, se hizo hincapié en que “es triste y doloroso entender que estos actos violentos ocurren en espacios que en vez de contener, se aprovechan de la vulnerabilidad social. Pero somos todos conscientes de que estos abusos de poder son posibles en un marco institucional de autoritarismo y por la falta de herramientas de participación ciudadana”.
Por lo cual, se dijo que “es hora de actuar, denunciar los atentados a la integridad humana, brindar las herramientas que nuestros hijos necesitan para no correr peligro y buscar sin descanso la resolución favorable de la justicia”.

Por su parte, la rectora de la institución educativa desde hace 3 años, Leila Villalba, en escueta llamada telefónica dijo: “Me molesta el anonimato de esas que dicen ser alumnas de la institución y que manifiestan tanta preocupación. Lo correcto hubiera sido que elaboren un escrito, una nota y la eleven a quien corresponda. En este caso la Justicia, porque al parecer ellas están condenando el sistema legal y a las autoridades del colegio, porque los acusan de cómplices y partícipes, pero formalmente no hemos recibido nada. Por eso no puedo dar ningún discurso referido al tema”.

ELLAS CUENTAN SU VERDAD
Quienes decidieron actuar fueron ex integrantes del grupo misionero y ex alumnas del Instituto Weimann. Si bien sus testimonios no hablan de abuso sexual, son indicadores del posible abuso de poder que habría ejercido Dorado contra todas ellas.
Los siguientes son testimonios concretos de mujeres que se decidieron a hablar, pero tienen pánico a que sus identidades sean conocidas. Temen “la reacción de pueblo, del colegio, de la iglesia”. Por lo cual, se decidió garantizar el resguardo de sus nombres, aunque no acallar sus voces.
Hoy cuentan sus historias en primera persona:

  • “Decía que los hombres se distraían conmigo”
    Fui parte del grupo misionero Santa Teresita del Niño Jesús. Cuando me sumé al grupo tenía 16 años, era una de las más chicas, ya que era un grupo de adolescentes. Compartí viajes y salimos a misionar con Carlos Dorado. Era un muy lindo grupo de amigos, me sentía cómoda con mis compañeros, hasta que un día me llamó a solas, a la casa parroquial, para pedirme que deje el grupo, que no era algo para mí, y que los hombres se distraían conmigo.
    Me enojé, y me aleje, sintiéndome culpable. Sentí que me juzgaba por mi forma de vestir y, aunque la ropa no me define como persona, me alejé de la iglesia por un tiempo. Cuando los chicos me preguntaban qué había pasado me daba vergüenza contarlo porque creí que era mi culpa.
  • “Decía que yo no era buena influencia porque tenía novio”
    Conocí a Carlos Dorado en el año que llegó a Bandera, 2008. Cursaba mi último año de secundaria, fue profesor de “Evangelio y Sociedad”.
    Yo era una persona muy activa dentro de los grupos parroquiales, aunque no existía grupo juvenil. Cuando él llega, con su juventud y entusiasmo de armar uno, utilizó su lugar como profesor para atraer a los chicos al grupo. Lo logra, ya que fue un grupo grande pero selectivo.Digo selectivo porque en ese grupo solo entraban las personas que a él le caían bien.
    Mi sorpresa fue cuando un día me llama para decirme que yo no podía entrar a su grupo porque, según su criterio, era más grande y ya tenía novio. Por ende, estaba más “avivada”, y no era una buena influencia para los chicos que tenían entre 14 y 16 años y hasta incluso compañeros míos de la secundaria.
    Hoy entiendo el porqué de su selecto grupo. Solo captaba a quienes podía manejar psicológicamente.
  • “Decía que yo le daba asco”
    A Carlos dorado, en el año 2010, lo tuve como profesor de Antropología en el colegio, hasta el 2012, cuando terminé el colegio. Siempre me resultó un tipo un tanto oscuro. En aquel entonces, y como adolescente, me cuestionaba muchas cosas, como por ejemplo “Dios”. Siempre que cuestionaba algo, su reacción era un tanto violenta, me contestaba mal.
    Creo que en el año 2011 llega a nuestro pueblo un nuevo cura, de quien se hablaba mucho y se decía que era trasladado por abusos. Precisamente, eso fue algo que cuestioné al padre Dorado, porque nos obligaban a confesarnos solos en la casa de los curas, que quedaba al lado del colegio. Dorado se enojó mucho, me gritó y me corrió de su clase, a la que nunca más pude entrar. Él llegaba al aula y yo debía de salir afuera. Materia que me mandaba a rendir a febrero porque decía que no me quería ver, porque le daba asco.
  • “Decía que hacíamos algo indebido”
    En 2011, Carlos Dorado fue mi profesor de Antropología cuando yo cursaba 3° año en el colegio. Lo recuerdo como una persona con la cual no se podía hablar de cuestiones que él no compartía, como sexualidad, por ejemplo. Tener un punto de vista diferente al de él, era imposible.
    Recuerdo un hecho puntual: cuando llevaron a nuestro curso a un retiro espiritual en la Ciudad de Añatuya. Debíamos pasar una noche ahí, las chicas teníamos una habitación y los varones tenían otra. Éramos todos muy amigos y compañeros. Esa noche, como travesura, algunos chicos vinieron a nuestra habitación un rato. Dorado entró a la habitación, furioso por encontrar a los chicos ahí, y comenzó a tratarnos muy mal y decirnos cosas horribles. Entre esas cosas, nos dijo: “Si se quieren ir a encamar, vayan a encamarse a otro lado”.
    Nosotros teníamos entre 14 y 15 años, estábamos hablando y riéndonos todos juntos, como típicos adolescentes. No había nada de malo en lo que hacíamos y él, de alguna manera, nos hizo sentir que nosotros estábamos haciendo algo indebido. Por supuesto, se encargó de ponernos en una situación diferente a la de nuestros otros compañeros, haciéndonos sentir mal y juzgándonos.
  • “Era realmente despreciable”
    Yo lo conocí a Dorado, también fui al grupo misionero que él había creado y del cual era coordinador. Realmente despreciable, se enojaba por todo, quería que todo se haga como él quería, hasta era selectivo a la hora de incorporar nuevos integrantes al grupo. Cada aspirante tenía que dialogar con él y una vez que él daba el OK., recién ingresaba.
    Yo actualmente no vivo en Bandera, pero me mantengo en contacto permanente con compañeros y amigos. Cuando la noticia se publicó, cada promoción del Instituto Monseñor JoseWeimann empezó a escribir cosas de él. Que era una persona despreciable, que sacaba del curso a aquellas personas que pensaban distinto a él o que lo cuestionaban, desaprobaban algunos otros.
  • “Tenemos miedo”
    Particularmente, como ex alumna del colegio donde él era profesor, puedo decir y hasta asegurar que son muchísimas más las chicas que sufrieron acoso por parte de este tipo. Le pedimos que, por favor, nos proteja, no es fácil decirlo. Tenemos miedo.
    ¿A quién o a qué tienen miedo?
    -Al colegio, a la iglesia. Aquí repudian al feminismo, y más en esos temas.
    -Pero esto no es un tema de feminismo sino de un delito.
    -No queremos que, por los testimonios que dimos, nos llamen a atestiguar, porque sería tener todo un pueblo en contra.

UN TESTIMONIO VITAL
Los testimonios de todas ellas apuntan en un mismo sentido: Carlos Alberto Dorado, y sus actitudes con sus alumnas. Pueden parecer parcializadas, pero son lo que ellas vivieron.
Sin embargo, no solo ellas se atrevieron a hablar en contra de Dorado. Un joven de 27 años, quien era miembro activo del grupo misionero y estrecho colaborador de Dorado contó detalles acerca de conversaciones con el sacerdote sobre temas como pedofilia, destacando que “él me decía que no todos los curas son pedófilos y violadores”. También que Dorado repetía que “si hacía una macana, la Diócesis lo iba a mandar a otro lugar”.

Aunque también pidió el resguardo de su identidad, su testimonio es demasiado importante. Entre otras cuestiones, asegura presenció un “momento muy sospechoso”, cuando vio a una compañera adolescente salir llorando, de la parte trasera de la iglesia donde vivía Carlos Dorado.
“Me pregunté qué hacía una menor de edad saliendo a altas horas de la noche de la parte oscura de la iglesia, sin iluminación ni nada”, dijo.
A la vez, destaca que “cuando ella salió de la iglesia sí se me cruzó por la cabeza que él se pudo propasar o algo por el estilo, pero en ese momento estaba muy metido en el grupo misionero y es como que estaba ciego”.
Aunque reconoce que “ahora, con la edad que tengo, sí me doy cuenta y digo que es súper sospechoso y que para mí es verdad”
. (Ver entrevista aparte)

“LA ALTERNATIVA”
Un grupo de mujeres de Bandera hizo llegar un comunicado sobre la creación de un nuevo espacio para denunciar los abusos.
“A raíz de la visibilización de los abusos sexuales agravados denunciados al ex sacerdote y docente Carlos Dorado, mujeres de la comunidad de Bandera, Santiago del Estero, nos vimos en la necesidad de conformar por primera vez un movimiento organizado, no excluyente, destinado a la información y apertura al debate de diferentes temáticas, que no encuentran lugar en otros espacios dentro de la ciudad”, comentaron.
Ellas explican que “el primer paso que dimos fue expresar nuestro repudio tanto a la aberración como al silencio de las partes involucradas. Dada la gran repercusión que obtuvimos, que nos tomó por sorpresa, han llegado a nosotras nuevas víctimas, con sus testimonios, y es por eso que estamos trabajando, día a día, articuladas y respaldadas por la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina”.

En ese sentido, explican que el trabajo que realiza esta organización es brindar acompañamiento terapéutico profesional, respetando principalmente el proceso de cada víctima. Suele suceder que las personas que se comunican con la red, luego de un tiempo toman fuerza y deciden visibilizar y/o denunciar el abuso al que fueron sometidas, pero no es necesaria la intención de denuncia para solicitar apoyo a través de la cuenta de Facebook de la red.
Por lo cual, “queremos transmitir que estamos gestando una iniciativa que va a funcionar como un medio en el que podamos compartir información sobre leyes en vigencia, sobre educación sexual, asuntos de género y demás herramientas para combatir a la pedofilia en las iglesias, los abusos sexuales y abusos de poder en general”.

Precisamente, este medio se llamará “La Alternativa”, porque nace ante la necesidad de hablar fuerte y claro lo que otros medios, cómplices, eligen censurar. Esto pretende generar una comunidad en la que profesionales, padres y jóvenes puedan participar activamente para concientizar a la sociedad. Están todos invitados a sumarse”.

Hoy Bandera está dividido entre quienes apoyan a las víctimas y quienes las repudian. Entre quienes le creen y quienes las tildan de “enfermas”, del mismo modo que lo hizo el obispo Uriona cuando ellas le presentaron sus denuncias.
Carlos Dorado ya fue declarado culpable por la Iglesia, a través de un juicio de Derecho Canónico. Mientras tanto, la justicia penal continúa trabajando en el tema. Cuando la fiscal Andrea Darwich fue consultada si se evalúa la posibilidad de pedir la orden de detención contra Dorado, contestó que “la calificativa penal le permite estar en libertad mientras dura el proceso”. Sin embargo, “no se descarta la posibilidad que se pida más adelante si las otras causas lo agravan en su situación”.
Hoy, mientras el miedo se apodera de aquellas mujeres que están contando sus historias, la justicia tiene la palabra.

  • “Decía que, si se mandaba una macana, la Diócesis lo iba a mandar a otro lugar”

Él era un miembro activo del grupo misionero, aunque también pidió el resguardo de su identidad. Su testimonio es demasiado importante. Entre otras cuestiones, asegura que vio a una adolescente salir llorando, de noche, de parte trasera de la iglesia donde vivía Carlos Dorado.

-¿Dónde conociste a Carlos Dorado?
-Yo lo conocí en el grupo misionero Santa Teresita del Niño Jesús, cuando tenía 16 o 17 años. Ingresé al grupo porque tenía un amigo que me decía que estaba bueno que hacían muchas actividades, que se juntaban a comer o salían. Había un lindo grupo de amigos. Con el paso de los días me gustó todo lo que era el movimiento del grupo misionero.
Pasaron los años y empecé a ir a viajes, a retiros espirituales, a misionar y todo lo que conlleva ser parte de un grupo misionero. Lo empecé a conocer más cuando íbamos a comer a la casa de la parroquia. Una de las actitudes que siempre resaltaba Carlos Dorado era esto de jugar con el chiste de que era “el cura más joven”. Se hacía el pendejo, por decirlo de algún modo. En cada momento o en cada chiste que pudiera tiraba esto de que era pendejo, el más joven, un pibe…
-¿Hablaste con él sobre pedofilia?
-Recuerdo que cuando rezábamos el rosario, rezábamos por X cosa, por los curas y no sé en qué momento se da el tema de la pedofilia. No estoy seguro de mis palabras exactas, pero creo que le digo: ‘Hay muchos casos últimamente”. Entonces salta la conversación. Fue hace años. Sí me acuerdo que él me dice que no todos los curas son pedófilos y violadores.
-¿Alguna vez te contaron o te llegó el rumor de sus supuestos abusos a las chicas del grupo misionero?
-Lo de los rumores, antes de que salga la publicación, ya lo sabía. Ya me había enterado hace como dos o tres años, pero nunca se dijo nada. Cuando me enteré me empecé a dar cuenta de que tenía actitudes muy sospechosas. También presencié un momento que era muy sospechoso, por demás.
-¿Cuál fue el momento sospechoso que presenciaste?
-El momento en que me cerró todo, en el que empecé a creer que era verdad fue cuando, después de misa -porque siempre cuando salíamos con un amigo nos juntábamos en la esquina, nos tomábamos una gaseosa y hablábamos. En ese momento, tipo 11 o 12 de la noche, sale una chica llorando. Era tardísimo. Sale de la parte de atrás de la iglesia, donde viven los curas. Estaba todo oscuro y salía llorando, yo la conocía porque era del grupo misionero.
-¿Qué hiciste?
-La veo y le pregunto qué le pasó, por qué estaba llorando y no me quiso decir nada. La acompañé hasta la casa y le preguntaba y le preguntaba. Ya se le había pasado, se había calmado, pero en ningún momento me pudo explicar, no me quiso decir. No me dijo por qué ni nada, no me supo ni mentir. La acompañé hasta la casa para que llegue bien.
-¿Qué pensaste en ese momento?
-Es como que todo me cerró. Me pregunté qué hacía una menor de edad saliendo a altas horas de la noche de la parte oscura de la iglesia, sin iluminación ni nada. Ahí me cerró todo.
-¿Pensaste que podía haber sido abusada?
-Obviamente, cuando ella salió de la iglesia sí se me cruzó por la cabeza que él se pudo propasar o algo por el estilo. Pero en ese momento estaba muy metido en el grupo misionero y es como que estaba ciego. Era lo anteúltimo que pensaba que podía llegar a pasar.
-¿Por qué lo anteúltimo? ¿Qué sería lo último?
-Lo digo en el sentido de que era sospechoso que una menor de edad salga de ahí. Yo tenía 17, 18 años y uno no piensa razonablemente, más cuando estás metido en la iglesia. Ahora, con la edad que tengo, sí me doy cuenta y digo que es súper sospechoso y que para mí es verdad.
A esa edad es como lo último que quería pensar porque, obviamente, sería algo muy difícil de asimilar el hecho de que un cura, más siendo el que nos manejaba a nosotros, se podría propasar con una chica, con una menor. Eso desencadenaría un mal momento en el grupo misionero y sería un terrible desastre.
-¿Esa joven continuó en el grupo?
-Con exactitud no puedo decir, pero habrá ido un par de meses más y directamente, como varias chicas que iban al grupo, dejó de ir de un día para el otro. Nos sentaban en un grupo, siempre nos juntábamos todos, o eso es lo que creíamos, y nos decían: “Me voy del grupo por x motivo”,aunque hubo mujeres que se fueron sin avisar, sin decir nada. Directamente se les perdió el rastro.
-¿En la actualidad, estás ligado a la Iglesia de alguna manera?
Estoy totalmente desligado de la iglesia, no voy ni a misa. Antes iba todos los días. El grupo misionero empezó a decaer mucho cuando se fue Carlos Dorado. Fue en el 2013. Creo que yo tenía 18 años. Volvimos de Brasil, de la Jornada Mundial, y desapareció el señor, no dijo ni por qué. Era muy raro que se haya ido de Bandera. Se fue sin decir nada. Habló a algunos chicos del grupo misionero para que lo ayuden a empacar las cosas para irse y desapareció. Al otro día fuimos a la iglesia para ver si estaba y no. Nadie sabía nada. El padre se había ido a no sé dónde, no me puedo acordar a dónde se fue.
-¿Te sorprendió que la Iglesia escondiera los abusos?
-Una de las cosas claves que voy a contar es que el padre Carlos Dorado decía que, si se mandaba una macana, la Diócesis lo iba a mandar a no sé qué lugar. Eso, me acuerdo que le dijo entre varios chicos del grupo. Cuando se mandó esa macana, le preguntábamos qué era y no me acuerdo qué es lo que nos respondió.
Cuando volvíamos de Brasil, él se había ido para ese lugar que no me puedo acordar.

OBISPADO DE AÑATUYA
“Desde el Obispado no se van hacer más declaraciones”

Ante la publicación y replicación de la noticia sobre denuncia de Abuso Sexual Agravado, que tiene como protagonista al Padre Dorado, desde La Columna se intentó tomar contacto con la institución religiosa que toma intervención en el caso, el Obispado de Añatuya.
Reiterados fueron los llamados durante la semana hasta se pudo concretar la comunicación, y fue la propia telefonista -que recibió y filtro la consulta para luego dar una respuesta- la que manifestó textualmente en nombre de la institución, diciendo que “el Obispado y nadie del Obispado dirá nada. Si ustedes quieren preguntar al Juzgado de Añatuya ¿cómo está el asunto?, pregunten. Pero desde el Obispado no se van hacer más declaraciones, ni explicaciones, ni nada, porqué piensan que se puede interferir a la justicia.

-Pero el caso merece la palabra de la Iglesia…
¡Bueno, sí lo merece!, pero ustedes saben que cuanto más uno habla, más se puede entorpecer. Y no queremos esto, queremos que las cosas sigan como corresponde.

-¿Esta decisión quién se la comunica?
No tenemos ninguna persona responsable de hablar con la prensa, aquí hay un sacerdote que está encargado de estos temas.
No le puedo decir nombre. Me pidieron que reserve todo esto, y que diga así nomás.
Como está en fuero civil, si quieren saber algo más, vayan al Juzgado de Añatuya que les explique cómo está el asunto”.

“Se resolvió suspender por 6 meses al sacerdote”

El sacerdoteHernán González Cazón, quien fuera administrador y secretario canciller de la Diócesis de Añatuya durante el período en que se realizaron las denuncias de las jóvenes contra Carlos Dorado, confirmó el juicio canónico contra Carlos Dorado.

-¿Podría contarnos cómo ocurrieron los hechos?
-Cuando ocurre un hecho por el cual una persona entiende que un sacerdote ha incurrido en un hecho evidentemente desordenado, delictivo, puede hacer la denuncia frente a la Sede del Episcopado. Allí se inicia un proceso llamado “canónico”. Más allá que haya juicio civil y todo lo demás, también se juzga a través de las leyes de la Iglesia, lo que se llama el Derecho Canónico.
En este caso la denuncia fue presentada por las personas afectadas ante la Sede del Obispado. Se hizo el proceso que se llama Derecho Canónico, una investigacióny, finalmente, la resolución que se tomó fue suspender por 6 meses al sacerdote, también se le señaló la obligación de realizar una terapia psicológica adecuada para estar al tanto de cómo evoluciona.

-¿Se comunicó a las partes?
-Sí, sí. La resolución se comunicó a las partes, están enteradas. Ellas tienen derecho a saber lo que el Obispado resolvió. Lo que ocurre aquí es que hay delitos que son de instancia privada; es decir, en este caso, la hicieron por ejemplo solamente ante el obispado.
Creo que ahora una de las damnificadas hizo una denuncia en sede judicial. Pero en su momento, resolvieron hacerla ante el Obispado, no en la justicia civil.

-¿En las sanciones, tomaron en cuenta el tipo de hecho que se le atribuía?
El obispo evalúa todos los elementos que hay. El Código Canónico establece medidas frente a los hechos que se denuncia

-A raíz de esto Dorado continúa en la Diócesis, ¿actualmente se encuentra colaborando en una parroquia?
-Él, actualmente, está en una diócesis, colaborando con una parroquia de Santos Lugares. La medida, desde el punto de vista de su ministerio sacerdotal, fue de seis meses, luego volvió a trabajar, a ejercer en su ministerio. No como párroco, pero sí como colaborador.
Yo no sé exactamente, pero estos hechos ocurrieron unos diez años atrás, cuando estaba Monseñor Uriona, antes que estuviera Monseñor Chávez. Fue hace un tiempo.

-¿El Obispado deja a criterio de las denunciantes a concurrir a la Justicia?
-Sí. Creo que fue el año pasado o este año, pero si resolvieron hacer la denuncia. Ahora La justicia civil investiga los mismos hechos que investigó la justicia de la Iglesia.
Lo que pasa que la justicia civil tiene otras instancias, otras penalidades, diferentes al Derecho Canónico.
Una de las cosas que si es clarísima es que, cuando una persona viene a presentar una denuncia, es que se le tiene que informar a esa persona que tiene todo el derecho de asistir a la justicia penal. Hay obligación, en algunos casos que se requiera, de ayudar a presentar la denuncia en la justicia.
Se busca que se haga justicia, no tapar e ignorar los hechos delictivos que hubieran ocurrido.

-En conclusión, ¿el obispado no dejó de actuar?
No, no dejo de actuar. Hubo resolución, se comunicó a la partes.
Incluso, de esto no estoy seguro, pero creo que se le comunica al Vaticano mismo
Aprovecho para comentar que el Papa Francisco ha mandado a todas las diócesis, una resolución para que se cree una instancia que pueda facilitar a la gente que tenga este tipo de denuncia, para que presente en la sede de del Obispado.
Que nadie deje de denunciar, porque no hace bien a la Iglesia que nosotros los sacerdotes tengamos conductas irregulares, es una barbaridad.
El Papa quiere facilitar, para que salve por un lado las calumnias respecto a un sacerdote. Y por otro lado, cuando hay motivos para hacer la denuncia que nadie deje de hacerla por cualquier dificultad. Para que cuanto antes sean resumidas, y tengan su correspondiente sanción y se tomen las medidas pertinentes.
(Entrevista realizada por Eduardo Espeche, en Radio Nacional Santiago del Estero)

  • Periodista de revista La Columna. Artículo premiado por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) en la categoría “Notas de Investigación” publicada en redacciones pequeñas de hasta 30 periodistas por los trabajos publicados en revista La Columna.
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