Por Ernesto Picco
Este 27 de febrero se cumplen 16 años del primer triunfo electoral del Frente Cívico, que si gana las elecciones este año -difícil otra cosa- se encamina para las dos décadas de hegemonía política en la provinica.
Comparto un fragmento de “Políticos, empresarios y laicos católicos”, donde contamos algo de aquellos años en que se empezaba a planificar el posjuarismo en la provincia.
Gerardo Zamora nunca se había mostrado favorable a la Intervención. A finales de 2003, cuando comenzaron a llegar las misiones del Ministerio de Justicia de la Nación para observar la situación institucional, el entonces intendente de la capital, junto a los diputados nacionales por el radicalismo, Eduardo Abalovich y Ana Alzogaray, se manifestó en contra de una posible intervención a la provincia. En una nota con el provocativo título de “La UCR juarista”, Página/12 publicaba las declaraciones de los dirigentes radicales que rechazaban esta posibilidad y sostenían que la provincia debía darse sus propios mecanismos institucionales para solucionar los problemas locales.
Esta posición crítica de Zamora se mantuvo ya formalizada la Intervención y durante todo el gobierno de ésta, al punto que llegó a declarar al diario La Nación que “hay un grupo que quiere quedarse más tiempo. Los mismos de la Intervención quieren voltearlo a Lanusse”. Ya posicionado como precandidato a gobernador, y todavía hablando desde la vereda del frente del kirchnerismo, dijo en la misma nota: “Aquí todos son kirchneristas pero nadie tiene la venia del Presidente”.
Su pensamiento sobre los federales no le impidió al intendente capitalino comenzar por su propia cuenta a tener conversaciones con funcionarios de segunda línea de la Intervención Federal y con miembros de aquel primer armado heterogéneo que se quiso formar para la fallida reforma constitucional.
Zamora mantenía reuniones con dirigentes de distintos sectores políticos en el Hotel Savoy, a media cuadra de la Municipalidad. Uno de los dirigentes que participó de esos encuentros recuerda: “Estaba queriendo armar una estructura fuerte con base en el radicalismo pero que se aliara con otros sectores que no estaban referenciados en el PJ de Figueroa. Había gente de Memoria y Participación y algunos funcionarios de la Intervención, pero decía que primero tenía que resolver la interna radical con Zavalía. Pero Zavalía al final se baja y no hay internas. Ahí empezó el diálogo con ente de la Intervención que lo apoya”.
El frente que logró formar Zamora tenía como columna vertebral la estructura de la Unión Cívica Radical, a punto de que el candidato a vicegobernador era su correligionario e intendente de Pinto, Emilio Rached. La alianza estaba apoyada en algunos dirigentes del peronismo que no habían tenido cabida en las internas de enero, como el intendente de Loreto, José Emilio Neder, y de otras agrupaciones pequeñas como el Partido Federal y un sector del socialismo.
En las elecciones del 27 de febrero de 2005, Zamora obtuvo un 46% de los votos sobre el 39% de Figueroa. Una nota publicada por el diario Página/12 el día posterior a las elecciones rescata el clima de los últimos días de campaña, y la actitud del nuevo gobernador siendo crítico con sus enemigos locales, pero preparando el terreno para el diálogo con Kirchner:
“Zamora también eligió dónde pegar y dónde no. Uno de sus blancos fue el interventor federal, Pablo Lanusse, a quien acusó de haber sido ‘vocero’ de Figueroa en los últimos días de campaña y de utilizar el aparato estatal santiagueño en favor del candidato peronista. También le endilgó al PJ provincial haber nacionalizado la contienda, agitando el fantasma de ‘que si no se votaba a Figueroa, (Néstor) Kirchner no iba a ayudar a Santiago’, y arremetió contra el ministro del Interior, Aníbal Fernández. ‘Es cierto que, lamentablemente, Fernández vino y avaló ese discurso’, apuntó. No fue el ministro del Interior el único que desfiló por Santiago antes de las elecciones. El apoyo de la administración nacional al candidato peronista también quedó reflejado en las visitas del vicepresidente Daniel Scioli y de los ministros de Educación, Daniel Filmus; de Salud, Ginés González García, y de Desarrollo Social, Alicia Kirchner”.
Zamora no habló de ellos y mucho menos de Néstor Kirchner; es más, cuando le recriminó a Fernández su apoyo a Figueroa, se cuidó de aclarar que ‘no creo que ése sea el pensamiento del Presidente’. También amistoso con Kirchner, recordó que durante la campaña ‘jamás planteamos una política en contra del gobierno nacional’ y confió en que logrará establecer una ‘buena relación’ con el santacruceño”.
En esa misma nota periodística Zamora advertía que se le avecinaba un trabajo sin precedentes: “No hay infraestructura, no hay caminos ni agua, ni energía eléctrica y existe una fuerte exclusión social con hambre, pobreza, desocupación, enfermedades endémicas y analfabetismo. Hay que comenzar a reconstruir Santiago” dijo el gobernador electo. Zamora tenía en mente los desafíos que se avecinaban, pero posiblemente aún no se cruzaba por su cabeza la importancia que al poco tiempo adquiriría su figura en el armado del kirchnerismo a nivel nacional.

Al asumir su gobierno en 2005, Gerardo Zamora conformó un Gabinete de Asesores de la Gobernación, compuesto por un grupo de académicos de larga trayectoria a los que les encargó el diseño de un Plan Estratégico Territorial (PET). Aquel gabinete estaba constituido por los ingenieros Néstor René Ledesma, Efrén Gastaminza, Antonio Gallego, Victorio Mariot, Horacio Ochoa, Roberto Gayraud y Mario Basualdo. Se trataba de una suerte de elite de notables vinculados principalmente a la Universidad Nacional, algunos de los cuales habían tenido participación al proyecto de la Corporación del Río Dulce.
El 21 de agosto de ese año se oficializó públicamente la propuesta del Gabinete que fue presentada “como un proceso y no como un producto terminado”. Si el gobernador había dicho la noche de su triunfo electoral que había que “comenzar areconstruir Santiago”, el PET era la guía con la que el nuevo gobierno provincial se proponía emprender esa tarea.
Aquel plan tenía un diagnóstico de la provincia que marcaba entre sus fortalezas la posición estratégica de Santiago en el centro del norte grande, las aptitudes productivas y extensión de los suelos en largas llanuras, y la decisión política de salir del aislamiento provincial. Se destacaban también como oportunidades la apertura de los mercados regionales y mundiales, el contexto de reactivación económica a nivel nacional, y el marco federal de acuerdos de reparación histórica. Las debilidades que se visibilizaban eran la falta de infraestructura, equipamientos y servicios, y el deterioro ambiental, junto con el atraso, la pobreza y la exclusión social. Se marcaban como amenazas las sequías e inundaciones, el analfabetismo y la vulnerabilidad social.
El plan marcaba seis objetivos específicos: 1) disminuir la incertidumbre, la degradación del ambiente, el hambre y la marginalidad social con la provisión continua de agua potable y saneamientos; 2) mitigar las penurias del aislamiento con la construcción de nuevos caminos; 3) mejorar la calidad de vida y educación extendiendo la capacidad energética; 4) desarrollar prioritariamente infraestructuras, equipamientos y servicios de las áreas rurales atrasadas y de encerramiento; 5) mejorar las infraestructuras y los equipamientos, el desarrollo empresario y los ambientes de negocios; 6) disminuir la presión poblacional, la congestión del tránsito y la contaminación de las áreas metropolitanas a partir de la descentralización de los servicios y la generación de nuevos escenarios urbano-industriales.
La estrategia para alcanzar estos objetivos contemplaba la identificación de corredores de desarrollo de agua, caminos y energía, que apuntaran a la activación productiva, industrial y turística.
Varias de las obras más importantes en esa línea fueron financiadas mediante el Acta de Reparación Histórica –entre las que se destacaron el dique Tunal-Figueroa y la canalización del río Salado– mientras que otras fueron posibles gracias a la destinación de partidas de obra pública con transferencias específicas de los presupuestos nacionales anuales. La articulación con el gobierno nacional abarcó la bajada y gestión local de varias decenas de planes nacionales en materia de salud, educación y cultura.
El desarrollo urbanístico de la ciudad capital tuvo importantes obras como la construcción del Centro Cultural del Bicentenario, la nueva Terminal de Ómnibus, el centro de convenciones Fórum, y las torres de 21 pisos destinadas a los ministerios de Economía y Educación en el centro de la ciudad. En su última entrevista televisiva como gobernador de la provincia, realizada afines de 2013, Zamora realizó un balance de su plan de obras:
“Y hasta ahí puede ser motivo de crítica de alguien que no conoce… como por qué dedicarse a hacer estas cosas y no hacer otras, en una provincia tan pobre. Esto es una cosa que leí en más de un lugar. Inclusive en una nota periodística salió que el Centro Cultural parece que estás en Europa, pero por qué hacemos esas cosas si hay gente pobre en Santiago. Como si en Capital Federal no hubiera. No me voy a poner a hacer una defensa porque estoy convencido que las cosas que se hacen para la cultura y para el turismo y para el mejoramiento del Estado y para mejorar nuestro nivel urbano y arquitectónico, las volvería a hacer siempre. Yo lo que quiero destacar es lo siguiente. Que en términos de presupuesto es muy ínfimo. La gran inversión, la gran importante inversión que hemos desarrollado sin endeudarnos y con apoyo del gobierno nacional es la infraestructura básica: caminos, red e infraestructura básica. Caminos porque hay una importante red vial que se recuperó, la obra hídrica, que era necesaria, que se está terminando una gran parte, hay otra en construcción y hay una gran parte construida tanto para riego, consumo animal y lo primordial, consumo humano. Y la red energética, que estamos terminando de anillar la provincia. La red energética de alta tensión y media tensión. Se ha hecho una formidable inversión. Porque si no hay caminos, no hay agua y energía, no hay inversión, no hay producción, no hay valor agregado, no hay industrialización de esa producción. […] Hay una reconversión productiva, trabajo y apoyo a las organizaciones in- termedias, cooperativas, etcétera. Al tener la infraestructura básica podemos ir fuertemente por la inversión social”.
La voluntad de refundar la provincia que tuvo el gobierno del Frente Cívico fue posible gracias a la articulación de la relación nación-provincia, que había sido conflictiva durante los veinte años previos de democracia. El programa de gobierno del Frente Cívico puede sintetizarse en una voluntad de sentar las bases que permitan el desarrollo económico, la reconversión productiva y el posterior desarrollo social.
* Políticos, empresarios y laicos católicos. Historia y estructura de la élite de poder en Santiago del Estero. Prohistoria Ediciones.Rosario, 2016. P. 195-199
