“Almamula”, la película del cineasta Juan Sebastián Torales rodada en Santiago del Estero, tendrá su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín, conocido como Berlinale, uno de los más importantes junto al de Cannes y el de Venecia, que arranca este jueves 16 de febrero y se extenderá el domingo 26.
El filme dirigido por el santiagueño, integrará la sección Generation, dedicada a películas protagonizadas por jóvenes o centradas en una mirada juvenil.
La coproducción ítalo-franco-argentina cuenta la historia de Nino (Nicolás Díaz), un adolescente que es blanco de ataques homofóbicos en el barrio en el que vive. Es por eso que deja la ciudad y junto a su familia se muda al campo, donde conoce la leyenda del Almamula, una criatura que se lleva a quienes cometen actos sexuales impuros. En ella “buscará su salvación y decide atraerla”, según adelanta la sinopsis.

Torales contó en el ciclo “Pasen y Vean”, de radio Cadena 3, que la película es el resultado de un largo proceso introspectivo que tiene que ver con “exorcizar” su desarraigo después de vivir 17 años en París.
Sobre por qué eligió filmar en su tierra natal, destacó: “Santiago del Estero es una tierra con un capital cultural muy fuerte y crecer allá es estar rodeado de mucha mística, folclore, naturaleza y una sociedad que funciona de una manera muy particular. Pero lo bueno de todo esto es que no es la mística que puede uno ver en las películas de Hollywood, la música y los paisajes tampoco; todo es diferente, todo está teñido de algo muy difícil de definir, y todo lo que es difícil de catalogar, a mí me inspira mucho”.
El director prefiere no ponerle un género a la película, porque va a contramano con su manera de ver las cosas. Según relata, no quiere predisponer a nadie con etiquetas como “vas a llorar” o “vas a tener miedo”, porque se pierde “la magia” y la sorpresa.
“Creo que hay que salir de estas estructuras, hoy toda la industria audiovisual está hecha a medida del espectador. El espectador se ve en un espejo constantemente, y no sale a ver cosas diferentes, no hay riesgo. Yo veo el cine como una herramienta para perturbar la calma, y hoy perturbar no está permitido. El cine ya no araña. Solo acaricia”, reflexionó.
Torales valoró el hecho de filmar fuera de Buenos Aires para reflejar paisajes ignorados y activar “sectores dormidos” porque “no tienen el incentivo”, lo que llevó a movilizar a más de 2.000 personas a Santiago del Estero.

