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Cantaron los viejos sintiéndose changos

Cantaron los viejos sintiéndose changos

Por Juan Carlos y Fabio Carabajal*

Parafraseando a la hermosa Zambita del musiquero -aquella gema que nos legaran Canqui Chazarreta-, cuando dice “bailarán los viejos sintiéndose changos, cuando a mi pago humilde le cante con vos”, estos cronistas pueden afirmar que Los Sin Nombre volvieron a sentirse changos el pasado viernes 6 de junio.

La presentación de “Decime, chacarera”, tal el título del nuevo disco del grupo (que este año festeja 50 años de escenarios), motivó el reencuentro de estos viejos cantores con su querido pueblo, es decir con esa audiencia ávida por escuchar sus canciones.

La historia de este afamado grupo santiagueño comienza allá por el año 1969, cuando ganaran el primer premio de un concurso con el que el programa televisivo “La peña Talacasto” seleccionaba nuevos valores.

El cuarteto -compuesto entonces por José Herrera, Carlos Infante, Baltasar “Balta” Basualdo y Pituti Ledesma- se distinguía por la potente sonoridad de sus voces y aún no se había decidido por la denominación con la que luego sería conocida.

Ante la disyuntiva, el recordado animador, don Omar Carlos Cipolatti, les propuso llamarse “Los Sin Nombre”, propuesta que fue aceptada por unanimidad. El grupo fue declarado ganador del certamen y se hizo acreedor a la grabación de un disco que, a poco de editarse, alcanzó gran popularidad y les posibilitó ser requeridos por los organizadores de peñas y festivales de todo el país.

La performance del conjunto en los escenarios hizo que la empresa de contrataciones Docta los incorporara a su elenco junto a otras figuras de gran popularidad. Eso les permitió recorrer gran parte del territorio nacional, ofreciendo un potente repertorio que conquistaba los escenarios más calificados.

Muchos fueron los cambios en esta larga y fructífera trayectoria. Cantores de la talla de Ricardo Santillán, Tucho Alagastín , el Chino Rodríguez y Eduardo Lobo González se adaptaron al estilo original y cada uno aportó lo suyo.

Entre los logros de Los Sin Nombre merece mencionarse su participación en la obra integral “La Misa Santiagueña” y su complemento “La Navidad sachera” (del monte).

A tantos años de sus comienzos el conjunto se ha convertido en un clásico. Quienes esto escriben fundamentan estos dichos en dos aspectos. Por un lado, la conformación de una audiencia propia, que los ha seguido a lo largo de los años. Por otro, en el reconocimiento y la admiración de otros músicos, que se han sentido motivados por la inspirada forma de escribir y de cantar de Los Sin Nombre.

Pero por sobre todo hay que destacar la impresionante cantidad de canciones que se asocian al grupo. De todas ellas, destacan: Ingratitud (una famosísima polca escrita por Fortunato Juárez), Zamba machala (tal vez el éxito insignia del grupo), Cuando florece tu nombre (otra bella polca, con hermosa introducción y el arreglo vocal tan característico de ellos), La peñera, Vidala del hombre solo, El violín de Tatacu, Canción para una vieja ciudad (otro clásico del conjunto, surgido de la inventiva de Elba Jugo y el genial Marcelo cola i´ gallo Ferreyra). Brillan también: De ahicito (también de Fortunato, un tema que los grupos nuevos de hoy reversionan), La chamuscada, Hombre pueblo (un sentido homenaje a Jacinto Piedra), entre tantos otros.

Para los actuales integrantes -José y Amparo Herrera y Raúl Cortés- grabar este nuevo disco significa seguir transitando el amplio y rico panorama folklórico regional, el mismo que ellos lograron enriquecer con su original aporte.

Volviendo a la velada del viernes 6, en el Teatro 25 de Mayo, hay que mencionar que como complemento al número central, el cantante, autor y compositor santiagueño Mario Álvarez Quiroga presentó su libro “Historias de fulano de tal”. Lo hizo en diálogo con el poeta Alfonso Pocho Nassif. Luego desarrolló un acústico con canciones de su repertorio, que concluyó con la archifamosa Penas y alegrías del amor.

También fueron muy aplaudidos por un público cálido y afectuoso, el joven conjunto Nacidos en el tiempo y el grupo de zapateadores Los Patriotas del Malambo.

* Este texto va dedicado a Papilo y Cabito, dos recordados vecinos en nuestro querido Quimilí. Ellos eran fans de Los Sin Nombre y escuchaban sus discos a volumen fuerte.

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