La ciudad de Clodomira y, especialmente, la inquieta comunidad de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús se preparan para vivir este sábado 19 de septiembre un momento muy especial. Cesira Cecotto, la “abuela del corazón” de quienes alguna vez pasaron por ese lugar de oración, cumple 100 años.
La celebración será en el salón comunitario Suad Juri de la parroquia, espacio elegido por los vecinos durante todo el año para los acontecimientos importantes. Y quizás por eso surgió naturalmente como el lugar indicado para homenajear a una de las personalidades más queridas de la comunidad: clodomirense por elección y enamorada del templo, de la ciudad y de su gente.
Pero para llegar hasta Clodomira, Cesira recorrió literalmente miles de kilómetros y atravesó buena parte de un siglo marcado por guerras, migraciones, amores, maternidades y nuevos comienzos.
DE ITALIA AL FIN DEL MUNDO
Cesira nació en Faedis, en la provincia de Udine, al nordeste de Italia, aunque vivió hasta su juventud en Padua, cerca de la Basílica de San Antonio.
Tenía 26 años cuando, con buena parte de Europa todavía marcada por las heridas de la Segunda Guerra Mundial, decidió atravesar el océano Atlántico. Aceptó entonces la invitación de una prima que vivía en Ushuaia, Tierra del Fuego.
Llegó a Buenos Aires en noviembre de 1952 a bordo del barco Sebastiano Cabotto. Y casi inmediatamente ocurrió algo que modificaría para siempre sus planes.
“Me esperaba Franco Comerio en el puerto de La Boca. Me flechó y al mes, el 20 de diciembre, me casé con él, por supuesto por civil, y con Dios en la capillita María Auxiliadora de Ushuaia”, recuerda con ternura.
Sin embargo, el cambio entre el clima de Padua y el frío extremo del sur argentino resultó demasiado brusco. La familia decidió trasladarse a Monte Chingolo, provincia de Buenos Aires, donde nacieron y crecieron sus hijos, Claudio y Ana María.
Allí transcurrió buena parte de su vida.
UN ENCUENTRO QUE LA LLEVÓ HASTA CLODOMIRA
Cesira tenía 82 años cuando otro giro inesperado comenzó a escribir un nuevo capítulo de su historia.
Durante un viaje a Italia invitada por una nieta, y cuando se preparaba para regresar a la Argentina, se cruzó con el padre Ángelo Introzzi, sacerdote de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Clodomira. También italiano, había regresado temporalmente a su país natal.
Los unió inmediatamente un profundo amor por la Argentina.
En medio de aquella conversación, el sacerdote le habló de Santiago del Estero, de Clodomira, de su gente y, por supuesto, de la parroquia a la que había dedicado buena parte de su vida.
“Me invitó a conocer Santiago y a su amada parroquia de Clodomira. Y aquí estoy desde hace 18 años. Ahora soy su madre del corazón”, cuenta la “tana”, sentada en su habitual lugar de reposo en el templo, horas antes de alcanzar los 100 años.
Aquella invitación terminó convirtiéndose en un nuevo hogar.
“MIS PRIMEROS 100 AÑITOS”
A las puertas de un cumpleaños que moviliza a toda la comunidad que la adoptó como propia, Cesira puso por escrito unas líneas en las que recorrió parte de ese largo camino.
Recordó las dificultades de todo migrante que deja su tierra, las maternidades vividas lejos de sus familiares y, fundamentalmente, agradeció a quienes fueron acompañándola durante su siglo de vida.
“Con todo lo sufrido, como todo migrante que dejó su Italia querida en tiempos complicados y después de vivir mis maternidades sin familiares a mi lado, llego ahora agradecida a Dios, a la vida, a mis papás, a mis amados hijos, a mis nietos, a ‘Don Ángelo’, y a mi Clodomira querida, que me acurrucó en estos años de fragilidad”.

Y cerró con una frase que resume el espíritu con el que llega a una fecha extraordinaria:
“Por soplar la velita de mis primeros 100 añitos. Gracias Tatita Dios y Virgen Santa. Los amo hasta la locura”.
Este sábado, esa velita tendrá alrededor a buena parte de la comunidad que la convirtió en su “abuela del corazón”.


