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Corte de boletos, inflación y apps: los factores detrás del nuevo precio del transporte

Corte de boletos, inflación y apps: los factores detrás del nuevo precio del transporte

Por Martín Brao
De la redacción de NOTICIAS DEL ESTERO

El aumento del boleto a $1140 en Santiago del Estero no sorprende a nadie. En todo caso, confirma algo que los usuarios ya sabían: el sistema de transporte público está agotado, y cada actualización tarifaria es apenas una curita puesta sobre una herida que no deja de abrirse.

Las empresas dicen que la caída del corte de boletos es del 50% al 55%, y puede que tengan razón. Pero la pregunta de fondo no es por qué la gente dejó de usar el colectivo, sino por qué seguir usándolo se volvió, para muchos, un lujo cotidiano. En un país donde viajar al trabajo o a estudiar se disputa con el costo de llenar la heladera, cada aumento empuja a los usuarios hacia alternativas que hace unos años parecían marginales: autos compartidos, transporte informal, apps sin regulación. El colectivo compite con todo… menos consigo mismo.

EMPRESAS QUE NO LLEGAN, USUARIOS QUE TAMPOCO
Mientras los empresarios reclaman que el boleto debería valer $1460 para sostener la operación, los usuarios hacen cálculos justamente para intentar sostener su propia economía. Y ahí está la tragedia del sistema: ninguna de las dos partes cierra los números.

El transporte público -un servicio esencial en cualquier ciudad- se transformó en un espacio donde los intereses chocan sin que nadie pueda ceder demasiado. El Estado local intenta ubicarse en el medio, aprobando un aumento menor al solicitado, pero aun así insuficiente para poner en orden un modelo que hace años viene sin rumbo.

EL ENEMIGO INESPERADO: LAS APPS
Las aplicaciones de transporte irrumpieron en la discusión con una fuerza que, hasta hace poco, era impensada. Para las empresas, representan competencia desleal; para los usuarios, una alternativa posible; para el Estado, un terreno gris donde no hay regulación, control ni aportes al sistema formal.

Pero más allá del debate regulatorio -necesario y urgente-, las apps evidencian algo más profundo: la gente busca soluciones donde el sistema no las ofrece. Cuando el colectivo se vuelve caro, lento o imprevisible, no hay fidelidad que resista.

UNA DECISIÓN QUE TAPA, PERO NO RESUELVE
El boleto a $1140 es, en los papeles, un “punto medio”. En la práctica, es otra señal de que seguimos administrando la coyuntura sin discutir la estructura. Ni el aumento solicitado por las empresas ni el aprobado por el Concejo Deliberante resolverán la pérdida de pasajeros, la falta de inversión o la dependencia de subsidios inciertos.

Mientras tanto, el pasajero -el verdadero rehén de esta historia- asume una vez más el costo.

UN MODELO QUE NECESITA UNA REFORMA DE FONDO
La discusión que no se da es la más importante: ¿qué tipo de transporte público quiere la ciudad? ¿Cómo se financia un servicio que debería ser accesible, eficiente y estable? ¿Qué rol deben tener el Estado, las empresas y las nuevas plataformas de movilidad?

Seguir ajustando el boleto sin responder esas preguntas es como intentar enderezar un edificio ya inclinado solo moviendo una ventana. El problema no está arriba: está en los cimientos.

El aumento del boleto no es la noticia. La noticia es que el sistema sigue sin un plan, y que los santiagueños, una vez más, pagan el precio.

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