Los testimonios de los pacientes que van superando o transitan el Covid 19 pueden ayudar a comprender la cruda situación que les ha tocado o toca vivir y cómo afrontar la enfermedad. Si bien cada paciente es único, hay síntomas en común que sirven de mucho para quien pelea con el virus en primera persona.
Nancy Giménez es enfermera, santiagueña, actualmente trabaja en domicilios particulares y contrajo el virus mientras cuidaba a una persona a la cual quería mucho. Lamentablemente el cuadro de su paciente era muy crítico y se hizo necesario trasladarla a un centro de salud privado de Capital. Más allá de asumir todos los cuidados necesarios, creen que fue allí donde ambos se contagiaron.
Ella comenzó a presentar síntomas días después y se autoaisló en su domicilio para preservar el delicado cuadro de su paciente quien, lamentablemente, falleció dos días después.
En diálogo con Noticias del Estero comentó cómo vive estos días en su domicilio del barrio Mariano Moreno, a los que describe como solitarios y de fuertes dolores, contexto en el que pudo descubrir el intenso lazo que la une a su familia y cómo la sociedad -en muchas oportunidades- discrimina a las personas que contrajeron la enfermedad.

Afortunadamente tiene un espacio adecuado para realizar el tratamiento y no fue necesario que se alojara a otro lugar. “Vivo con una hija y cuando empecé con los síntomas, le pedí que me dejara unas cosas en la heladera y se fuera. En un principio, había gente que pasaba por frente de casa, me veían y bajaban la cabeza o cambiaban la cara”, se lamentó.
Con sus hijos, de 38, 36, 33, 30 y 29 años, vive situaciones muy particulares que nunca imaginó. “Cuando vienen trayendo mercadería o verduras, las dejan en el portón de mi casa y yo salgo un rato afuera, pongo una silla, una mesita y me conversan desde la calle unos minutos. No tengo contacto con ellos”, afirma.
“Sin embargo, a mi nuera cuando va a hacer las compras la miran mal, a pesar que no vive conmigo ni mantenemos contacto. La discriminación no la sufro tanto porque no me acerco a nadie pero ellos sí, y eso me duele”, afirma.
Por la experiencia que fue asumiendo a lo largo de sus años como empleada de salud relató que le perdió el miedo a las enfermedades pero cuando se infectó, todo cambió. “Mientras esperaba que me confirmen el resultado del hisopado me sentía rara. Cuando llegó la ambulancia me avisaron desde la vereda que di positivo y se me vino el mundo encima. Es feo tener que entrar a tu casa sola, sentirte mal y que no haya alguien que te contenga. Una se siente sola en el mundo”.
Hace más de 10 días que está con síntomas y hace una semana aislada y sus dolores fueron variando a lo largo de los días. Comenzó con vómitos, diarrea y luego siguió la pérdida de gusto olfato.
“El cuerpo me duele mucho, hay días que pareciera que me pegan con un palo. Por otra parte, en la garganta tengo la sensación que me raspan y me arde mucho. Toda la noche tomo agua, tengo mucha sed y es en este horario que siento dolores en las piernas, desde la rodilla para abajo; como si fuera que por dentro me agarra comezón y por fuera me arde la piel es horrible”, detalla Nancy.
Personalmente agradeció al sistema de salud por la atención. “La Dra. Cardozo, infectóloga del Ministerio de Salud, me llama todos los días, inclusive fin de semana, para evaluar mi jornada. Lo mismo que la comunicación con el 107, fue inmediata”.
Una vez que Nancy reciba el alta realizará un intenso trabajo de desinfección en su vivienda y esperará para unos días para recibir a sus hijos y nietos.
Antes de terminar la entrevista la enfermera del barrio Mariano Moreno le dejó un mensaje, casi una súplica, a todos los santiagueños: “Deben ser más solidarios y empáticos con las personas que contrajeron el virus. Es necesaria una palabra de aliento en un momento tan difícil. El virus está y es horrible, la sensación es de abandono total”.
