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Día del padre en tiempos de Covid: cuando la tecnología no reemplaza un abrazo

Día del padre en tiempos de Covid: cuando la tecnología no reemplaza un abrazo

La cuarentena obligó a mantener distancias, a evitar contactos cercanos pero reforzó los lazos emocionales entre seres humanos, a reconocer que lo más importante no es lo material sino todo lo que nos rodea, lo finito. Esta es una de las grandes enseñanzas que seguramente quedará en la memoria de quienes vivieron esta pandemia producto del Covid-19.

Familias separadas, cumpleaños solitarios y encuentros inconclusos son solo algunas de las consecuencias que devinieron de este extraño contexto que aún provoca infinitas diferencias. Pero detrás de todos aquellos cuestionamientos, a favor o en contra de esta medida, hay quienes sufren estar lejos de sus seres queridos, y más aún en una fecha tan especial como el Día del Padre.

Una de esas tantas historias es la de César Ayala, un peruano felizmente radicado en Santiago del Estero, quien viajó días antes de iniciar la cuarentena obligatoria al vecino país a visitar a su madre quien padece diversos problemas de salud y desde el 16 de marzo no puede regresar.

Hoy celebrará su día a la distancia y se comunicará con sus hijos por videollamada, una forma moderna de comunicación pero que en nada iguala al contacto físico, al saludo sincero y cariñoso de esas dos personas a las que vio nacer. “Mis hijos me están apoyando mucho, nos comunicamos siempre, pero su presencia me hace falta siempre”, contó a Noticias del Estero desde el departamento Lambayeque.

En Santiago sus hijos Lourdes y Augusto vivirán un día nostálgico. “Primera vez que papá no estará, pensar que años anteriores preparábamos a escondidas su regalo, su tarjeta, hablábamos sobre qué haremos para el almuerzo.  Ahora salimos a ver algo para lograr llenar este vacío, pero volvimos sin nada. Su silla en la mesa cotidiana hace cien días está vacía. Él es un padrazo, esposo dedicado, amoroso y para su familia política un hijo, hermano, un sobrino muy apreciado”, argumentaron los jóvenes.

Mientras tanto en Perú el panorama es muy complicado. “La realidad es muy cruda, dura. La gente no toma conciencia y todos los días hay muchos infectados y muertos. Desde hace un mes que la gente sale a vender lo que sea porque hay mucha necesidad; en este país hay un gran porcentaje de informalidad laboral y eso se siente ahora. Hay gobiernos que dejaron en la desidia a las clases vulnerables y se está percibiendo esta situación. La salud está muy deteriorada en este país, es carísima y no es muy buena. “Hagamos fuerzas para que todos podamos volver”.

Sin embargo, es optimista y se encomienda a la Virgen para que todo pase rápido y, por si situación personal, pide a todos los padres que “disfruten de sus hijos, su familia, porque hay muchos que no podremos”.

Al ingeniero mecánico de 55 años no le fue fácil sobrellevar la distancia. “Me tocó al corazón la perdida de familia muy cercana, de amigos que perdieron la vida y no poder despedirlos; escuchar los llantos en las noches y no poder hacer nada. Es horrible. Todo esto me ha movido espiritualmente”.

La extensión de la cuarentena y el encierro le produjeron diversas complicaciones en su salud. “Sufro un estrés que se dio con alteración en la presión. La atención médica pública es mala y ahora sólo están saturados con el Covid, lógicamente. Me atendieron en forma particular y me salió muy caro. Por lo tanto, trato de cuidarme hasta de las comidas. Me da mucha pena la gente que está con niños”, aseveró.

Ahora el invierno se asoma como un gran problema para todos los varados en ese país ya que los gastos se incrementarán al comprar indumentaria. “Lo mío era ir y volver, vengo frecuentemente por la salud de mi madre pero ahora se desvirtuó todo”, agregó

Los días se le hacen más largos pero no pierde la esperanza de volver rápido a su pago, a su “querido Santiago”, como afirma con una sonrisa inocente.

Solicitudes inconclusas

Liliana Infante es esposa de César y cada día sufre más por su ausencia. Por distintos medios, insiste diariamente para que su esposo sea incluido en los vuelos humanitarios que traen de regreso a los argentinos que esperan en diversos puntos del mundo.

La elaboró peticiones y movidas por whatsapp y redes sociales pero aún no obtuvo respuestas positivas. “Mi esposo en innumerables oportunidades completó los formularios para ser incluido en los vuelos humanitarios programados por la Cancillería argentina al igual que muchas personas en esa zona, pero no recibió respuesta alguna hasta la fecha”, explicó.

Sostenerse económicamente en ese país también representa un gasto impensado porque todo opera con precio dólar. “La situación con respecto a los varados es crítica; el riesgo que cientos de vida están corriendo con hambre, frio, sin medicinas, sin medios para viajar, se prolonga”, expresó con preocupación.

“Mis hijos necesitan a su padre. Su familia, amigos, compañeros y su esposa lo estamos esperando”, explicó y solicitó a las autoridades pertinentes una ayuda rápida.

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