La algarroba, fruto de una de las plantas más emblemáticas de Santiago del Estero, se convirtió en la protagonista de una historia que promete traspasar los límites provinciales y nacionales para dar lugar a una nueva forma de degustar el café.
Daniel Eduardo Ledesma, un chef que cuenta con una concesión del bar de la librería Utopía, en Independencia 221 de la capital santiagueña, se inspiró con el aroma que despedía el algarroba que se quemaba en una esquina y, luego de mucho trabajo e investigación, registró el café de algarroba, una bebida que recibió grandes elogios.
Ledesma llevó la bebida al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) para que la analizaran y ahí le comunicaron que la algarroba no estaba registrada como infusión. Comenzó los trámites y fue el primero en registrarlo como tal. Pero fue por más y además registró el “Té de Mistol” y el “Té de Chañar”.
Los técnicos del INTI le dieron fórmulas para elaborar budines, alfajores, galletas, mermeladas con frutos del monte y con los cánones necesarios para que resultaran aptos para consumo humano, saludables y de sabor parejo, cumpliendo con las Buenas Prácticas Alimenticias (BPA). Daniel y su esposa comenzaron a ofrecer su novedoso “café” de algarroba para degustar, a todos los clientes de la librería, el cual queda exquisito con leche o crema.

Se animó a envasarlo en paquetes de 220 gramos y comenzó llamándolo “Don Ledesma”, pero luego registró la marca “El Don Santiagueño”.
“Hemos alquilado parte de una casa que era un pub para poder elaborar con todas las habilitaciones. Pero sueño con llegar a tener mi sala de elaboración dentro del Parque Industrial de Santiago. Sólo es cuestión de tiempo. Estoy en la etapa de hacer los trámites para obtener el Registro de Establecimiento Elaborador y luego el Registro de Alimentos -comenta Daniel a Bichos de Campo-. Tengo la idea de comercializarlo a través de una cadena de cafeterías”. El primer bar de “café” de algarroba, dice el emprendedor, estará ubicado en el barrio de Palermo, en Buenos Aires.

“El año que viene pretendemos estar produciendo y comercializando unos entre diez mil y quince mil kilos de ‘café’ de algarroba. Acabo de armar en el barrio de La Paternal, en Buenos Aires, un local que funcionará como centro de distribución de productos regionales como galletas, budines y alfajores envasados al vacío y certificados del productor al consumidor, con sellos de 100 % orgánico, libres de gluten. También sacaremos harina de algarroba envasada, de buena calidad”, agrega.
Daniel investiga la Tusca, el Quiscaloro y la Tuna, para incorporar más productos. Piensa editar distintos blends de “café” de algarroba, con cascarilla de cacao, con vainilla y canela, con tusca, y uno más intenso de algarroba negra. Dice que los sirio-libaneses le compran “café” de algarroba para echarle al mate porque queda así muy rico. Estará presente este fin de semana en la “Feria Mappa” de la ciudad de Buenos Aires.
