Por Maximiliano Rodríguez
Colaboración para Noticias del Estero
Ni me detuve a hacer una foto como la gente, ni siquiera lo pensé. Sucede que lo vivido ayer en la sala del cine, y antes también, fue fuerte y conmovedor. Para sentir, atender.
Hace años que no estaba con tanta gente compartiendo una película. Los aplausos espontáneos, las risas, la emoción silenciosa… el estallido de las palmas para acompañar una chacarera… fue una fiesta preciosa ver en pantalla grande La Estrella Azul, la obra que Javier Macipe Estrella Azul nos ha regalado a los santiagueños y santiagueñas.
Pepe Lorente brilla en su protagónico, secundado por un Cuti Carabajal simplemente asombroso en el rol de su hermano mayor. Esas miradas, diferentes, una con particular admiración y absorbiendo todo, la otra con las señales del tiempo pasado a cuestas, tranquila, sabia. Esos ojos hablaron en la pantalla y nos atravesaron.
Encuentro fascinante, como amante de las películas, la manera que ha elegido para contar la historia de Mauricio y Carlos Carabajal, con tantos elementos narrativos que rompen con lo acostumbrado en este tipo de producciones, que nos da un respiro de la épica impostada para decirnos que aquí estamos haciendo esta película, que la estamos sintiendo porque este lugar, estos hombres y estas mujeres, y los seres inasibles que lo habitan, así nos lo dictan. El Santiago embrujado, la Zaragoza melancólica, en conexión mágica.
Vayamos a los cines, nos han narrado a nosotros y nosotras. Y de manera hermosa.

