Se recibió de profesora de Castellano, Literatura y Latín aproximadamente a los 24 y hace unos cinco se jubiló. Enseñó en el Colegio Centenario, Instituto Bernardino Rivadavia y la escuela Normal “Dr. Benjamín Gorostiaga” de La Banda, hasta hoy su segundo hogar. Durante toda su trayectoria docente se caracterizó por la pasión, empeño y profesionalismo con que pisaba cada curso, virtudes que la llevaron a ser recordada como una de las mejores docentes de la “Cuna de Poetas y Cantores”. La profesora Marta Trejo de Santillán es, sin duda, un gran ejemplo para alumnos y colegas.
“Cuando me despedí de la Normal fue como decirle adiós a muchos ideales y quimeras que tenía pero me demostré a mí misma que no era así. Siempre les dije a los estudiantes que cualquiera sea su profesión tienen que hacerla por convicción y vocación, eso hace que uno se entusiasme, retroalimente y unifique el trabajo, porque se lo dignifica. Yo llevé así mis años de docencia”, relató a Noticias del Estero.
Si bien fue referente de numerosos proyectos académicos, mencionó algunos que le brindaron grandes satisfacciones. Entre ellos se encuentra “recibir cada año grupos diferentes de alumnos y ver cómo iban cambiando y encontrarlos en 5° año deslumbrantes y superados, verlos portadores de Bandera, escoltas o con alguna mención. También recuerdo un grupo con los que leímos la novela Shunco. Una colega, que trabajaba en la ruralidad, me propone visitar a una escuela de un pequeño lugar antes de Las Termas. Cuando íbamos llegando, mis chicos miraban por la ventanilla y recordaban la introducción del libro y se le llenaban los ojos de lágrimas. Fue una experiencia maravillosa por la empatía con la que se produjo con los alumnos. Fue un abrazo de culturas”.
Recordó también una de las primeras ediciones del Festival de Derechos Humanos, en el que participó junto a estudiantes de 4° año de la modalidad Comunicación, Arte y Diseño. “Fue un gran desafío porque tuvimos que analizar cómo se trasgreden los derechos de las personas. Una alumna me comentó acerca de la difícil situación de los raiceros de Sachayoj e hicimos el guión del documental con la historia de estos hacheros, arrancadores de raíces para terminar de desmalezar un terreno. Ganamos el concurso y fue presentado en el Parque Oeste”. Actualmente el material se encuentra en la institución y es analizado por estudiantes secundarios y terciarios.
“Agradezco a Dios el espíritu que tuve para contagiar mi entusiasmo a los alumnos. Me daba cuenta que lo contagiaba. Fui honesta, abrí las compuertas de mis saberes para brindarlos en el curso. Todo puede conseguirlo por la vocación. Lo que uno hace con pasión, es maravilloso porque se lleva lo mejor de uno. Me siento orgullosa del trabajo que logré con pasión, es algo que viene en la sangre”, dijo con el carisma que la caracteriza.
Uno de los puntos en los que hizo hincapié es en las falencias que actualmente existen en el sistema educativo. “Se está perdiendo la cultura del esfuerzo, del trabajo, del empeño y se extiende a todos los sectores. Se está nivelando para abajo. ¿Qué es eso que no hay que aplazar y hacer pasar de curso aunque tengan materias? Todos tienen que saber que el aprendizaje cuesta. Aprender es algo complejo, desacomodar todas nuestras estructuras e incorporar cosas nuevas. Eso se perdió, ahora todo es fácil. Se perdió, desde todas las partes, el valor del esfuerzo, trabajo y superación”.
Asimismo destacó que la familia también juega un papel importante en este proceso. “Se pretende que hoy sus hijos lleguen a quinto año y tengan su título, y no es así. El título es mentido. Debemos inculcar ejemplos y pedirle más, porque son capaces. Al bueno hay que premiarlo y al que no lo es, darle la posibilidad de recuperarse. Esta realidad después se ve con los grandes aplazos en la universidad o profesorados”.
Finalmente brindó un sabio consejo a quienes están comenzando a ejercer la docencia: “Podrá existir la tecnología más avanzada pero el pizarrón y la tiza son insuperables”.
“En base a mi experiencia puedo decir que todo lo que se haga, sea con convicción. Se deben preparar porque son formadores y deben convertirse en referentes. Hay que saber mucho más de lo que hay que enseñarle al chico. Deben ser una figura sólida y eso no significa ser malo. Que se los respete no es que les tengan miedo. Que no los quieran por ser permisivos sino porque los respeten y admiren”, culminó.


