Por Martín Brao
De la redacción de NOTICIAS DEL ESTERO
El Senado de la Nación juró este viernes a 23 nuevos legisladores y, en medio de un Congreso fragmentado y una oposición sin conducción clara, la llegada de Gerardo Zamora volvió a reordenar el tablero político.
El gobernador santiagueño -uno de los dirigentes con mayor poder territorial del país- regresa a la Cámara Alta en un momento en el que pocos tienen volumen real para disputar protagonismo. Su asunción no es un trámite institucional: es una jugada política.
Mientras buena parte del peronismo navega en un proceso de dispersión, Zamora desembarca en un Senado que ya no responde a los equilibrios tradicionales. No hay un bloque dominante, no hay una línea de conducción firme, y los gobernadores empiezan a ocupar un espacio que la dirigencia nacional dejó vacante.
En ese escenario, el santiagueño aparece como uno de los pocos con capacidad de ordenar, dialogar y disciplinar, porque llega respaldado por algo que escasea en la política argentina: poder real y territorio propio.
El triunfo del Frente Cívico en Santiago del Estero le garantizó dos de las tres bancas en disputa: la suya y la de Esther del Carmen Moreno, que también juró este viernes. El peronista José Emilio “Pichón” Neder, aliado en su espacio político, retuvo la banca restante.
La delegación santiagueña queda así con cohesión interna y vínculos múltiples hacia distintos sectores de la oposición.
REGRESO
Zamora vuelve al Senado, pero en realidad nunca dejó de jugar en la política nacional. Desde el Norte Grande hasta las negociaciones presupuestarias, su presencia ha sido determinante.
Hoy, con un oficialismo nacional debilitado y una oposición sin liderazgos claros, su figura adquiere un peso que trasciende la representación provincial: es uno de los pocos gobernadores capaces de convertirse en referencia opositora sin depender del peronismo tradicional ni someterse al calendario porteño.
REORDENAMIENTO
En la etapa que se abre, el poder ya no se organiza verticalmente desde Buenos Aires: se organiza desde los territorios. Y en ese reacomodamiento, Zamora aparece como un nodo central.
El nuevo Senado necesitará acuerdos amplios para cada ley que el Ejecutivo envíe, desde reformas fiscales hasta distribución de fondos y endeudamiento. En cada uno de esos debates, los gobernadores serán decisivos. Y entre ellos, Zamora tiene una ventaja: conduce un proyecto político sólido desde hace 20 años y cuenta con la red política más estable del Norte argentino.
ARTICULADOR
Mientras algunos sectores opositores buscan reconstruirse desde la disputa interna y otros desde el conflicto permanente, Zamora llega con pragmatismo y lectura territorial. Su capacidad de negociar sin fracturarse, su experiencia legislativa previa y su entendimiento del mapa federal lo colocan como articulador natural entre bloques, interbloques y gobernadores.
No es casual que dirigentes de distintos espacios lo mencionen como una de las pocas voces con autoridad para encarar el debate sobre federalismo, reparto de recursos y equilibrio institucional en un país que, por momentos, se gobierna desde la urgencia.
MENSAJE HACIA ADENTRO Y HACIA AFUERA
Su jura, acompañado por su familia, fue también una señal hacia dentro del Frente Cívico: el proyecto político no solo continúa, sino que se reposiciona en el plano nacional.
Y fue, al mismo tiempo, un mensaje hacia la Casa Rosada: la oposición real no está fragmentada en Buenos Aires, está organizada en las provincias.
Con su regreso al Senado, Gerardo Zamora se mete de lleno en la disputa por la conducción de la nueva oposición federal y se convierte en una pieza clave de un Congreso donde nada se aprobará sin acuerdos.
En un escenario nacional en transición, el santiagueño vuelve al centro de la escena para ocupar el espacio que otros dejaron vacío.
