Hace pocos días que miles de niños santiagueños regresaron a las aulas con sus ilusiones intactas de jugar, aprender y superarse. Iguales expectativas pero diferente realidad es la que viven otros estudiantes que por problemas de salud se encuentran momentáneamente en centros de salud. Para ayudar a estos alumnos y sus familias están los docentes hospitalarios y domiciliarios, la Escuela que congrega a profesionales capacitados y con un gran corazón que acompañan a los chicos en este duro momento.
La Escuela Hospitalaria “Dr. Francisco Viano” que actualmente funciona en el Cepsi tiene 67 años de servicio a la comunidad de Santiago del Estero. Numerosos profesionales con un profundo amor por lo que hacen desempeñan su labor dentro del hospital, en las salas de internación –aulas hospitalarias- y también en los domicilios de los niños “que necesitan del servicio cuando no pueden asistir a sus escuelas de origen de referencia a la que pertenece” por problemas de salud “de esta manera se garantiza la continuidad dentro del sistema educativo de todo niño que transcurre, a través de una situación de enfermedad, su derecho de continuar siendo educado” explicó a Noticias del Estero la directora del lugar, profesora Nancy Díaz.
“Se trabaja en articulación con las escuelas de origen, inclusive con las del interior, porque hay muchos niños internados en el hospital con patologías crónicas, con leucemia, trasplantados, con patologías renales, con patologías de diabetes complicados que viven en el hospital en el albergue y pero son atendidos en las salas por una docente quien envía la documentación a las escuelas. De esta manera, los chicos continúan con sus aprendizajes y también tiene el beneficio de no cursar con faltas”, agregó.
Al pie de cama, los docentes abordan las diversas currículas además de áreas especiales como música, plática y tecnología.
Para Díaz, el docente hospitalario cumple un rol fundamental que muchas veces no trasciende públicamente pero recibe un profundo agradecimiento de familias y niños. “Se atraviesa por una situación diferente que requiere de una actitud visionaria, esperanzadora, compasiva, de acompañamiento hasta podríamos decir espiritual”.
“Estar en una sala de niños internados, donde todos están atravesados por diferentes situaciones, donde tienes un niño al lado que está grave, otro que está más estabilizado, otro niño que ha fallecido, una mamá que llora, una mamá desesperada, un médico que corre, otro que se pone triste, es algo muy fuerte. Médicos y enfermeros están preparados pero en cambio no nos preparan para eso; es una propuesta que he presentado en forma oral y escrita en el profesorado para que tengan en cuenta este tipo de modalidad de trabajo”, cerró la docente.


