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La Fusión: Tres clubes y un proyecto de continuidad

La Fusión: Tres clubes y un proyecto de continuidad

Por Nicolás Adet Larcher*

El domingo 13 de agosto de 1989, el frío todavía lanzaba a las calles los últimos coletazos del invierno en la provincia. Eran las diez de la mañana y más de seiscientas personas esperaban sentadas el inicio de la asamblea que había sido convocada por Inti, Estudiantes y Santiago BBC. Estaba en juego parte de la historia del básquet provincial en la figura de tres clubes que habían nacido unos años después de la llegada del deporte a la provincia. La idea: fusionar esos tres clubes para posicionar el básquet provincial en otro nivel. Era la primera vez que un hecho de estas características tenía lugar en el país. Clubes que durante décadas habían sido rivales, protagonistas de clásicos y cantera de referentes del básquet nacional, unían fuerzas para superar los escollos económicos y sociales de los últimos años.
Pasadas las cuatro horas de deliberaciones, discusiones y los puntos de un nuevo estatuto que contemplara la fusión, llegaba el momento. La votación final se hacía a las 14:10, y el resultado era a favor. Nacía la Asociación Atlética Quimsa.


Héctor “Cachín” Führ atraviesa su casa a paso veloz. Sobre sus manos carga una pila de recortes de diarios, fotografías y fotocopias que desparrama sobre la mesa del comedor. La mesa es de madera, amplia y está ubicada en el centro de la habitación. Mientras desplaza el dedo sobre los papeles, habla. Se queda parado un rato y empieza a contar esos primeros años de la fusión que lo llevaron a ser el primer presidente de ese nuevo club. Unos minutos después, se sienta y su relato continúa. Sigue recordando. Menciona nombres, fechas, diálogos y anécdotas de esos años. Destila energía en cada una de sus intervenciones y, con sus casi setenta años encima, demuestra que la pasión por el básquet no envejece.
–Antes de la fusión, yo venía de una experiencia en el 87 que había sido en Central Córdoba. Esa gestión me hizo dar cuenta que no podíamos tener clubes cada tres cuadras en Santiago porque el esfuerzo económico era muy fuerte y ninguna masa societaria podía llegar a cubrir eso.


Para la década de los ochenta, muchos de los clubes que habían formado parte de la historia del básquet santiagueño habían desaparecido. La proliferación de instituciones había anulado las posibilidades de nacionalización del deporte santiagueño y había postergado cualquier intento de financiamiento que no viniera de los propios socios. Los campeonatos locales habían decaído y se jugaba poco.
Los clubes que quedaban, agonizaban. Las baldosas flojas, las plantas que emergían desde el cemento, los aros sin redes y el panorama lúgubre de abandono se habían convertido en un tema de preocupación en una racha de años en los que Santiago no había obtenido mayores logros deportivos en el básquet. Los dirigentes, ante ese escenario, empezaban a pensar en alternativas para sortear la crisis.
–En esa época, los tres clubes estaban en una situación económica crítica, sobre todo Santiago BBC. Prácticamente no existía el apoyo de parte del Estado, capaz que podías conseguir una excepción de impuestos para emprendimientos, pero dinero en efectivo no había nada –cuenta Daniel Romero.
Romero había comenzado a trabajar como periodista en coincidencia con los primeros pasos de la Fusión en la ciudad. Era cronista volante en el diario El Liberal, tenía apenas dieciocho años y cobraba por cobertura. Llevaba la cuenta de las que hacía durante el mes para después recordar en la redacción y que le pagaran acorde al trabajo que había realizado. Su pasión por el básquet venía de su papá,
Osvaldo Romero, que había sido jefe de la sección de deportes durante treinta años. Entre las reuniones de su padre con dirigentes, que ya hablaban de la fusión de tres clubes, y las coberturas, Daniel le fue agarrando el gusto al oficio. En el fogonazo de su memoria sobre esos días, hace una pausa y dice:
–Quiero resaltar la figura de Héctor Aliende. Quizás Inti era el club que mejor estaba y podía ser el que más perdía con una fusión. Inti era el club con más logros deportivos, había sido campeón argentino de clubes en la década de los sesenta. Él lo tenía muy bien al club y en un acto de grandeza apoyó la fusión porque sentía la necesidad de hacer algo grande.


A fines de la década de los sesenta, la palabra fusión ya había empezado a sonar en algunas reuniones y comentarios de parte de dirigentes de los tres clubes. La propuesta de empezar con las conversaciones había surgido de Alberto Orozco (Estudiantes) y Luis Robato (Santiago BBC). Había un ejemplo fresco en esos años, que era la fusión de Deportivo Norte y Bahiense Juniors en Bahía Blanca. En diciembre de 1975, esos dos clubes le habían dado lugar al Club Bahiense Norte, que con el tiempo sería cuna de jugadores como Emanuel Ginóbili y Juan Ignacio Sánchez.
Aun con ese antecedente, el desafío era enorme al contar, en este caso, con un club más. “Si fusionar dos instituciones era complejo, imaginate tres”, recuerda Mario Diósquez.
En un bar de la ciudad capital, Diósquez agita un sobre de azúcar sobre su café.
Su mirada penetrante y cerrada sostiene el pulso de su voz firme que resuena por encima de los murmullos de las mesas de fondo. Con sus ochenta y dos años, dice que sobre los primeros tiempos de la fundación de Quimsa hay que contar la verdad, y lo destaca en varias oportunidades cuando dice su nombre y el de los otros cinco fundadores del club.
Diósquez era del riñón de Estudiantes Unidos junto con Orozco. Una mañana, Orozco había llegado al club con una noticia entre sus manos: habían pactado con Robato la posibilidad de que se pudiera hacer una fusión en Santiago. En Estudiantes, la noticia había sido bien recibida; lo mismo, en Santiago BBC. El próximo desafío iba a estar en el traslado de esas inquietudes hacia el Inti club.
–Entonces fuimos nosotros dos por Estudiantes, Luis Robato y Daniel Iglesias por Santiago BBC. En la reunión hablamos con Osvaldo Palau y Guido Frediani, del Inti, y empezamos a reunirnos a fines de 1978, principios de 1979. En nuestros clubes sabían, pero mucha gente se oponía también.

Publicación del diario El Liberal, anunciando la creación de “La Fusión”


Dentro de Estudiantes, también estaba el ingeniero Marcelo Lugones. Se había acercado a Santiago para llevar a sus hijos a jugar al básquet en 1984, pero había encontrado la sombra de un club que se sostenía como podía. Preocupado, se había acercado a Robato para preguntarle qué pasaba. El club seguía abriendo por los aportes económicos de la familia Robato, en particular de Eduardo y Luis, que habían seguido adelante con un legado familiar que les había dejado su padre.
–¿Y a dónde puedo llevar a los chicos a jugar? –preguntó Lugones.
–Llevalos a Estudiantes –le respondió Robato.
Diósquez y Orozco tramaban en conversaciones las posibilidades de la fusión.

“Siempre digo que Orozco fue el cerebro de la fusión y que Cachín fue el que después pateó y metió gol”, recuerda Lugones hoy, sentado en el living de su casa y haciendo un sorbo de su taza de té. La ventana a sus espaldas ilumina la habitación y, al mismo tiempo, entre recuerdos expresados de manera cronológica, brotan anécdotas que le vienen a la cabeza durante el relato anterior, que se superponen, se complementan y que le provocan una sonrisa.
–Me empiezo a acercar a Estudiantes y ahí les digo que yo solamente quería hacerme cargo de las divisiones inferiores, o sea, un poco como coordinador de los chicos. En eso andaba. Ahí Orozco empezó a hablarme de la fusión. Yo, la verdad, que lo escuché como había escuchado tantas otras cosas en una cancha. Me había dicho: “Vos los conoces a los de Santiago, hablá con ellos”. Le digo que lo único que podía hacer era juntarlos a tomar una cerveza a la noche, porque abajo de la tribuna que daba a la Buenos Aires había un piso de tierra y me acuerdo que los jueves o viernes se juntaban ahí los changos del club a comer una picadita. La cuestión es que se mete después Cachín ahí a Estudiantes y Orozco le empieza a meter la idea, y a Cachín le encanta esa idea. La cosa estaba mal y había motivos para pensar en una fusión. El básquet en Santiago en general estaba mal, se habían cerrado varios clubes en los últimos años, como Formosa, Plazoleta Mitre, Almirante Brown y Mariano Moreno. Orozco decía: “Chicos, ustedes tienen que convencer a los viejos”.
La vieja guardia del básquet santiagueño todavía estaba presente en los clubes.
Eran familias que habían levantado con sus manos las tribunas, las columnas y habían construido de manera casi artesanal las canchas. “Eso fue lo más difícil, lo tratamos en innumerables reuniones y nos llevó como dos o tres años”, recuerda Lugones.
Bajo el título “Mañana quedará sellada la fusión de tres instituciones señeras del básquet”, el diario El Liberal mencionaba el 12 de agosto de 1989 el “hito en la historia del deporte en Santiago del Estero” que sería la asamblea definitiva para dejar asentada la fusión de los tres clubes.
Las discusiones se habían llevado adelante durante dos meses a través de las distintas comisiones que se habían formado. Para ese día, ya estaba claro que se llamaría Asociación Atlética Quimsa, luego de una reunión nocturna. En una entrevista con el diario, Marcelo Lugones (Estudiantes Unidos), Héctor Aliende (Inti Club) y Luis Quiroga (Santiago) destacaron que se había decidido que fuera una asociación porque daba la idea “de dos o más conjuntos”, y que fuera atlética “porque no solamente se hará básquet, sino otras disciplinas” en sintonía con otros clubes del país.
–En un cuarto intermedio que nos habían dado esa noche, nos fuimos con Marcelo a la vereda para charlar sobre el nombre del futuro club –recuerda Diósquez–. Le digo a Marcelo que yo había visto lo que era una institución como Argentino Juniors en Buenos Aires y que teníamos que llevar un nombre que fuera acompañado de “Asociación Atlética…”, pero no sabíamos asociación atlética qué. Diósquez y Lugones conversaron durante media hora y volvieron a la reunión.
Pidieron la palabra e hicieron pública la propuesta de que el club fuera “Asociación Atlética”.

–Nos aceptan, pero faltaba el nombre. Ahí, Quiroga, que era un abogado que trabajaba con la policía y era socio de Santiago BBC, se levanta y propone que se llame Asociación Atlética Quimsa. En quichua, quimsa quiere decir “tres”. Él agrega esa palabra y el concepto de que fuera una palabra en quichua, por la región a la que pertenecemos. Recibió una ovación y se aceptó el nombre –dice Diósquez.

Primer plantel de la Asociación Atlética Quimsa.

Con el nombre ya aceptado, el próximo debate que quedaba pendiente era la propuesta de colores que pudieran integrar a los tres equipos. Una de las historias más conocidas sobre el origen de Quimsa cuenta que, mientras se llevaba adelante la asamblea, en una mesa a un costado estaban fumando cigarrillos. Esa caja apoyada de una marca que parecía ser de Le Mans o Parisiennes (que tenían colores similares en los ochenta) había dado la idea de los colores de ese futuro club: blanco, azul y rojo en representación del Inti, de Estudiantes y Santiago.
Colores que, además, coincidían con los colores históricos de los tres clubes que se fusionaban.
–La decisión final fue por utilizar el color de cada uno de los clubes, el blanco de Estudiantes, el rojo de Santiago y el azul por Inti Club, que era uno de sus dos colores. Esa es la razón por la que se elige. El tema de la caja de cigarrillos, sí, surgió, pero primó en definitiva poner un color por cada uno –relata Roly Navarro, manager del equipo en la actualidad y uno de los protagonistas de esas reuniones.

Así, con nombres y colores, el último paso era la propuesta de un logo que fuera, también, representativo de la entidad. Para ese trabajo, el encargado fue el arquitecto Rufino Peña, quien diseñó un trébol de tres hojas con los colores de Inti, Santiago y Estudiantes, acompañado de dos “A” en la parte superior, que representaban las siglas de la asociación atlética.

“Con la fusión saldremos de la mediocridad, para crear un club poderoso” fueron las palabras pronunciadas por Aliende durante la asamblea. También habló en tono similar Eduardo Robato, quien afirmaba que “todos los jugadores tendrán cabida. Que los padres se queden tranquilos, porque sus hijos serán muy bien atendidos. Queremos que salgan buenos deportistas, pero mejores personas”. Esas habían sido las últimas palabras pronunciadas antes de dar el sí por la creación del club.
Iban en sintonía con algunas inquietudes previas planteadas por familias que enviaban a sus hijos a los clubes que se fusionaban. Algunas categorías iban a reducirse, pero también se entendía como una posibilidad de ampliar las posibilidades operativas del futuro club.

Uno hablaba de fusión, y obvio que había estructuras que se tenían que achicar. Muchas personas iban a quedar afuera. Eran muchas divisiones en cada club y estaban por quedar muy pocas. Estábamos tocando cosas delicadas como historias y sentimientos, pero lo teníamos que hacer –recuerda Führ.

“Decían que los viejos iban a ir a la asamblea a hacer lío, que no había que discutir, que había que explicarles la situación”, cuenta Lugones. “Nos preparamos para eso en la asamblea, ellos entraron juntos por la parte de atrás y los que estábamos sentados en la mesa de la asamblea los mirábamos. Entraron y ninguno habló. De golpe, en nombre de ellos toma la palabra Orozco, que era un referente; y al momento de votar, todos levantaron la mano por el sí. Fue emocionante”.
Finalizada la asamblea, había nacido Quimsa. La comisión directiva transitoria estaba integrada por siete miembros de cada club, quienes ejercerían el cargo hasta que se otorgara la personería jurídica de la institución. En esa primera comisión, Héctor Führ era el presidente, las vicepresidencias primera y segunda estaban ocupadas por Héctor Aliende y Eduardo Robato; el secretario era Roly Navarro; el tesorero, Alberto Roger Orozco; y el vocal primero, el ingeniero José Domingo Barrientos.

En ese momento, Robato se levantaba de su silla para anunciar que en la próxima asamblea de la Asociación Capitalina de Básquetbol, donde se desempeñaba como presidente, tenía previsto renunciar a su cargo para dedicarse exclusivamente a Quimsa.
“Quimsa fue aguardado con gran expectativa por todos. Por los que vivieron de cerca el proceso, por los socios y también por el aficionado al deporte en general.
En el salón de Estudiantes Unidos se notó un desbordante regocijo. Era como cuando una familia numerosa espera el nacimiento de un nuevo miembro, para brindarle todo su amor y dedicación para que crezca sano y fuerte. Así se esperó a Quimsa y estamos seguros de que así crecerá: sano y fuerte porque tendrá a una trabajadora comisión directiva y a todo un pueblo detrás de él”.
Con esas palabras, el diario El Liberal resumía, en su edición del 15 de agosto de 1989, parte de lo que había sido la jornada histórica del 13 de agosto.

Con el club ya instalado en el presente de esa década que terminaba con una de las peores crisis económicas de nuestro país, los proyectos de Quimsa comenzarían a aflorar, no sin algunos obstáculos en el camino. El más grande de todos ellos daría apertura a la década de los noventa: construir un estadio.

  • Fragmento del autor del libro “Quimsa, 30 años de pasión por el deporte”, que será presentado por su autor este viernes 8 de noviembre, a las 18, en la Sala Principal de Exposiciones de la 10° Feria Provincial del Libro que se realiza en el Fórum Santiago del Estero.
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