En esta nueva edición de LADO B, presentamos el trabajo de Ana Victoria Beltrán, estudiante de Fotografía Periodística en el Instituto Superior Mariano Moreno. Su ensayo visual, “Fragmentos de lo que somos”, explora la identidad y las conexiones humanas a través de la participación de sus hermanas, quienes se convierten en parte central de su reflexión.
LADO B es un proyecto de Joaquín Camiletti para Noticias del Estero, comenzó celebrando el talento de los santiagueños y su esfuerzo por transformar sus comunidades. Hoy, en su nueva etapa, el proyecto amplía su foco, abriendo espacio a historias humanas que invitan a la reflexión.
En ese marco, Ana Victoria invita a mirar más allá de las barreras de lo individual y lo colectivo, mostrando cómo nuestras relaciones nos transforman y nos ayudan a descubrir nuevas perspectivas. Un trabajo profundamente introspectivo que celebra la riqueza de los lazos familiares y nos reta a conectar con el mundo desde un lugar más abierto.
Este ensayo no solo explora los vínculos entre los seres humanos, sino que también cuestiona nuestra propia identidad en un mundo donde las experiencias compartidas nos moldean constantemente. A través de sus imágenes, Ana Victoria construye un espacio donde lo personal se convierte en lo universal, invitándonos a reflexionar sobre cómo las conexiones humanas nos completan y enriquecen.

FRAGMENTO DE LO QUE SOMOS
Por Ana Victoria Beltrán
Hay un misterio en todo lo que somos, un entramado de luces y sombras que nunca termina por revelarse completamente. Nuestras vidas se presentan, no como una respuesta, sino como un diálogo continuo entre lo conocido y lo ignorado, lo que nos define y lo que nos desafía. No somos solo lo que fuimos ni lo que seremos, sino lo que elegimos ser en cada instante, espejos únicos con diferentes reflejos.
Cada encuentro, cada roce, nos empuja a cuestionar lo que anteriormente dábamos por sentado; ¿Dónde empieza el uno y dónde acaba el otro? ¿Es posible realmente trazar una línea que separe mi ser de lo que encuentro en los demás?
Quizás no se trate de definir los límites entre el uno y el otro, sino de comprender que esos límites son flexibles, que nuestra identidad no se deteriora al contacto, sino que se expande. Y en esa expansión, descubrimos que lo que llamamos “yo” nunca fue un lugar fijo, sino un territorio abierto a lo desconocido.
Cada encuentro nos transforma, no porque nos robe algo, sino porque nos completa de formas que no sabíamos que necesitábamos. El choque de las diferencias, que en un inicio parece incómodo, fuera de lugar. Ese contraste donde surge la chispa, una tensión que lejos de separarnos, nos llena de dudas, nos incita a mirar cada vez más a detalle, a descubrir lo que está oculto.
El inicio a la comprensión más profunda, donde nacen las nuevas posibilidades, donde lo que parecía extraño comienza a encajar. Nos esforzamos a rechazar lo desconocido pero al mismo tiempo, lo buscamos sin notarlo. Porque es en ese encuentro, donde comenzamos a entender que el otro, en su singularidad, puede enseñarnos algo que nunca imaginamos.
Lo que antes lucía como una barrera, lentamente, se transorma en un puente que nos conecta a lo desconocido. Es ahí, en el vaivén entre el desconcierto y lo que nos es familiar, donde crecemos. Cada paso hacia lo desconocido desarma nuestras certezas y abre espacio para nuevas verdades. Descubrimos que no se trata de entender todo, sino de aceptar que en la conexión con el otro también encontramos partes nuestras que alguna vez creíamos perdidas.
Porque finalmente, ¿no es el mundo un entramado de encuentros y choques inesperados? Y en cada cruce, una nueva oportunidad; de aprender, de cambiar, de ser más de lo que soliamos. Lo desconocido deja de ser un abismo y se convierte en un horizonte, uno que nos llama a seguir explorando.
Tal vez las barreras nunca existieron, y lo que creemos tan claro y sencillo no es más que un juego de percepciones.
¿Qué sería de nosotros si todo fuera igual? ¿No seria la monotonía una forma de olvido?.
Quizás lo que una vez consideramos extraño, disparatado, alejado, es exactamente la pieza faltante que necesitábamos para sentirnos completos; ese simple “desequilibrio” entre quien fue alguna vez un desconocido y uno mismo, era la clave para descubrir un mundo totalmente nuevo, donde finalmente ya no estamos solos.



















TEXTO/FOTO: Ana VictoriaBeltrán
