Por el Gringo Ceballos
Especial para NOTICIAS DEL ESTERO
Domingo de Pascuas fresco y lluvioso. Había que tener mucha fuerza de voluntad para ir a la cancha. Pero ahí estaban los ferroviarios marcando presencia. Enfrente estaba Newell’s, el equipo más goleado del campeonato y que solo habia ganado un partido. Era una linda posibilidad para levantarse después de la estrepitosa goleada sufrida en La Plata, pero Central Córdoba volvió a decepcionar.
Lo del primer tiempo fue exasperante. ¡Fue un papelón! Los de Kudelka que no podían darse dos pases seguidos antes de llegar a Santiago, parecían el Ajax de los 70. Claro, enfrente estaba un conjunto Ferroviario impresentable, sin argumentos futbolísticos ni físicos. Todo fue de los rosarinos. Central era una sombra, un simple partenaire para que Newell’s resucite desde lo futbolístico.
¿Qué trabaja Pusineri cuando el equipo recupera la pelota? ¿Qué es lo que pretende? Disculpen mi ignorancia, pero todavía no lo pude descifrar. La recupera a setenta metros del arco rival y todas son patriadas de los jugadores o pelotazos para que Santos funda biela. No hay circuitos ofensivos, no hay asociación, no hay una línea de juego. No hay nada, bah. Cuando arma línea de 5 tampoco encuentra solidez y en ofensiva es famelico. El equipo es un FIASCO, así con mayúsculas.
Pignani volvió a demostrar que es un jugador limitado y se hizo echar por una patada al estilo Karate Kid. 2 a 0 abajo y con un hombre menos. En el complemento, apelando al corazón y al empuje pudo descontar. Y Newell’s se acordó de su pésimo momento. Pero a Central no le alcanzó, se fue quedando sin piernas y la Lepra lo remató en el final. Un 1-3 doloroso y que llenó de bronca al “Madre de Ciudades”.
No queremos repetir todas las semanas la responsabilidad dirigencial y de esos muñecos que acercaron jugadores. La mediocridad del plantel es evidente. Ahora bien, ¿tiene Pusineri la capacidad para potenciar este discreto plantel? Eliminado de Copa Argentina, perdió la mitad de los partidos en el torneo y nunca el equipo jugó a algo. Jamás tuvo un funcionamiento del cual aferrarse para seguir teniendo esperanzas de una mejoría. Lo que se haga, que no sea tardío.
