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Pablo Raúl Trullenque, con Santiago en el alma

Pablo Raúl Trullenque, con Santiago en el alma

Por Juan Carlos Carabajal
Especial para NOTICIAS DEL ESTERO

 

 

 

La tentación primera al encarar este texto es hablar del letrista/poeta al que la mayoría conoce por sus canciones.

En esta ocasión, en cambio, vamos a ahondar en los entretelones de su vida aventurera y llena de matices. Interesa mirar en su infancia, a la que consideró feliz a pesar de las dificultades económicas: “sobre la calle Aguirre, para el lado del chalet de Corvalán, estaba la quinta de los Trullenque. Mi abuelo, un vasco francés, crió allí a siete hijos que empezaron a separarse y, así, los caminos trullenqueanos se multiplicaron.”

Al referirse al fallecimiento de sus padres evoca con cariño a Ercilia Gallardo, la abuela materna. “Ella era hija de indios y analfabeta, llena de cariño”. Pablo puso lo suyo, vendiendo diarios, lustrando zapatos y haciendo cualquier trabajo que le arrimara unos pesos. Tenía 12 años cuando su padrino, Luis Díaz, lo tomó como ayudante de sastre.

De ahí en más abordó los más diversos oficios. Sus veleidades de locutor lo llevaron a animar las concurridas veladas del Solar de los Deportes y de Central Córdoba, presentando a los grupos que eran sensación del momento: Los Hermanos Simón, Los Carrizo, Los Hermanos Ibáñez, entre otros.

Corría el año 1957 cuando, al igual que muchos provincianos, buscó las luces de Buenos Aires con el anhelo de abordar un futuro promisorio. Se instaló en el barrio de Flores y desarrolló su oficio de sastre en negocios como “Casa Muñoz” y “La Mondiale”.

Más tarde, un hermano que trabajaba en Mar del Plata en la pesca de altura lo llamó y le propició los medios para navegar con él durante dos años. Así, conoció Uruguay, Brasil y México. Luego, al engancharse en la marina mercante anduvo por Italia, Francia, Marsella, haciendo una buena diferencia económica.

En busca de convertirse en autor

Desde siempre sintió la necesidad de escribir. Se relacionó entonces con el ambiente artístico en peñas como “El Hormiguero”, “Mi Refugio”, “La peña de Fanny”, donde había figuras de la talla de José Larralde, Víctor Velásquez, Los Chalchaleros, Los Cantores de Salavina, Los Quilla Huasi, flor y nata del folklore.

¿La primera canción? La escribió con un grupo de mendocinos. Al no registrarla en Sadaic se la dio a Onofre Paz. El tema se titula “Oración en zamba”.

Dio un salto cualitativo cuando conoció a Carlos Carabajal, con quien integró una sociedad creativa que daría sabrosos frutos y que duraría años.

Trullenque también trabajó en dupla con Rimoldi Fraga. Fue al analizar esta experiencia que se dio cuenta que debía encontrarse más con Santiago, hurgar en sus experiencias de la niñez y la juventud. Surgió así la obra integral “Salud, madre de ciudades”.

No se pueden dejar de mencionar obras como “La pucha con el hombre” con música de Cuti y “Entre a mi pago sin golpear” co escrita junto a Carlos. Son dos altos picos de una trayectoria autoral y que fundamentarían la postura de un músico local que lo propone para el Premio Nobel de Literatura, basándose en el cercano ejemplo de Bob Dylan quien recibió, en 2016, el importante galardón por su copiosa obra poético-musical.

Posturas al margen, creo que Pablo ha ganado, desde hace mucho tiempo ya, un premio mucho mayor: el reconocimiento de la gente que canta sus canciones.

¡Mire sino, lector, cuando alguien en cualquier patio, peña, festival o estudio de televisión, comienza a cantar: Fue mucho mi penar, andando lejos del pago…!

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