Por Gaby Yauzá*
Especial para Noticias del Estero
No se sabe bien qué colegio inició este ritual. Lo cierto es que en pocos años, la mayoría aceptó darle un espacio institucional. Las presentaciones de camperas se hacen en los patios del sagrado tempo escolar. Ese día prácticamente se suspenden las clases. Todos están de fiesta. Las autoridades toman medidas preventivas. La policía llama para agendar el evento. Los profesores acompañan, los padres también. Un par de meses antes, inician los preparativos. Coreografías, bandas de moda, maquillaje, murgas, banderas y los papelitos, claro que sí. Ellos son tan protagonistas como las camperas y los chicos mismos.
Con magistral creatividad, tal vez sin intención, los estudiantes secundarios ponen en escena, para deleite y sorpresa de adultos, LA FIESTA, a su manera.

Es el carnaval del colegio. Ese día se puede usar la pollera muy corta, cantarle a las plantitas verdes, bailar con los profes y las autoridades, gritar un millón de veces lo mucho que se va a tomar y lo poco que se va a limpiar (compromiso archi firmado ¡¿nadie se va sin limpiar el patio!). De poco sirve el personal extra para cuidar la puerta y evitar que ingresen ex alumnos, amigos, novios… encuentran la manera de sortear controles. Todo sucede ante la supervisión de los adultos, que por acción u omisión, legitiman el ritual.
No deja de ser tema de rechazo para algunos docentes de la vieja escuela quienes ven en las presentaciones, un derroche desproporcionado. No se explican cómo, las escuelas han institucionalizado este ritual, algo que ni el clásico viaje de egresados supo lograr. Algunos colegios han buscado darle un giro solidario a la actividad. Se hace recolección de alimentos no perecederos, se donan los papeles al hospital de niños. Un sólo curso, en la promoción 2016, de algún colegio céntrico, alcanzó a picar ochenta kilos de papel. No sería una presentación digna, sin la alfombra de papelitos, la lluvia. Otro dato no menor, son los montos que se manejan para los gastos, que rondan entre los 40.000 pesos y más. Se invierten en la contratación de Djs, con puesta de luces incluida, máquinas de humo, esferas de cristal y cualquier otro chiche tecnológico imaginable; contratación de banda; honorarios del profesor de danza que los prepara con la coreo; servicio de foto y video; ornamentación; camperas. Además de la post, que incluye gastos de alquiler de finca o lugar donde se reunirán, bebidas alcohólicas, tal vez algo de comida o Snacks. Gastos financiados por los señores padres o tutores.
Lejos queda septiembre y su impronta de fiesta juvenil. De hecho, las estudiantinas escolares han perdido todo atractivo. Participan pocos alumnos y no se vive con tanta euforia. Haciendo gala de un gran sentido de organización y compromiso con la causa, los estudiantes demuestran que pueden interesarse lo suficiente en algo (que no sea elegido por adultos), y agotar medios para que todo salga tal como lo soñaron. Es el día soñado.
La comunidad educativa es testigo y tiene mucho para aprender. Los chicos pintan el otoño de fucsia, salmón, verde manzana o rosa. Brillan. De fondo, la cortina blanca y negra de papelitos, que cual metáfora de la escuela toda, cae en cámara lenta. Las calles, las mañanas grises de Santiago, se tiñen de color.
* Profesora de Literatura de Nivel Medio.
