Por Ernesto Picco*
Que “Juárez gobernó 50 años la provincia” es el mito más paralizante para entender Santiago. No llegó a estar veinte años, y entre períodos muy espaciados de tiempo: algo más de tres entre el 49 y el 52; un poco menos entre el octubre del 73 y marzo del 76; cuatro años entre el 83 y el 87; y seis años entre su cuarto mandato del 95 al 99 y el quinto, del 99 al 2001.
¿Se puede decir que el resto del tiempo gobernó su gente? Sólo entre 2001 y 2004, con Carlos Díaz y Nina Aragonés. En el 52 lo siguió Francisco Javier González, con quien estaba enfrentado; en el 76 los militares, y en el 87 Iturre, que se lo sacó de encima y le abrió la Corriente Renovadora para jugarle en contra dentro del PJ. ¿Qué hizo Juárez el resto del tiempo? Ocupó alguna banca en el Congreso, rosqueó desde Buenos Aires y desde Santiago mucho tiempo desde la oposición, y alguna temporada se retiró a dedicarse a su profesión de abogado.

¿Por qué es peligroso seguir repitiendo la muletilla de los 50 años de juarismo? Porque le echa el fardo al viejo caudillo y desdibuja a los demás protagonistas de la historia y sus responsabilidades. Nos impide conocer y entender las internas del peronismo, el papel de los radicales, de la democracia cristiana (ahí Carlos Jensen pasándole el mando en el 83 en la foto), y sobre todo de los actores del gran empresariado y de los medios de comunicación, que estuvieron mucho más tiempo vinculados a los gobiernos e incidiendo en el Estado, independientemente de los cambios de signo político.
Hoy se cumplen once años de la muerte de Juárez y es un buen día para pensar en esto. También en que durante su segundo período de gobierno democrático desaparecieron catorce personas, que murió acusado de crímenes de lesa humanidad y que buena parte de la militancia de hoy lo va a homenajear.
- Periodista. Docente e investigador en la Universidad Nacional de Santiago del Estero.
