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Quino inmortal: el emotivo recuerdo de un dibujante santiagueño

Quino inmortal: el emotivo recuerdo de un dibujante santiagueño

La noticia de la muerte del artista gráfico Joaquín Salvador Lavado, conocido como Quino, sacudió en todos los ámbitos de la sociedad, que se vieron conmovidos con la partida del creador de personajes que acompañaron a varias generaciones de argentinos.

Nacido en La Banda, criado hasta su adolescencia en Rosario y radicado nuevamente en Santiago del Estero, el dibujante Pablo Álvarez había recordado semanas atrás las emociones el día que conoció a Quino, cuando comenzaba dar sus primeros pasos en la profesión, durante una pasantía que realizaba en el diario El Liberal.

Conocido como Dogo en el ámbito del arte gráfico, el ilustrador que actualmente continúa desempeñándose en el centenario medio santiagueño, recordó con un emotivo post la figura del “padre de Mafalda” en oportunidad de celebrar el último cumpleaños número 88, en el que deja evidenciada la humildad que sólo tienen los grandes artistas.

Pablo Álvarez.

A continuación, desde Noticias del Estero compartimos la conmovedora historia, que hoy cobra mayor fuerza en un día de mucha tristeza:

HOY CUMPLE 88 AÑOS EL MAESTRO QUINO

Mi primeros contactos con Mafalda y sus amigos fueron en los viajes familiares en auto o colectivo para visitar a nuestros abuelos en Buenos Aires o Santiago, a través de los libritos numerados que nos compraba mi vieja y que hasta hoy conservo. Camino largos, ideales para leer y leer.

Años más tarde, y un mes después de ingresar como pasante en el diario El Liberal (año 1997, tenía 18 años), Quino visitó nuestra provincia y fue llevado, como habitualmente se hacía, a recorrer la Planta Impresora (la joya de la familia).

Luego de ese paseo protocolar y ya disfrutando de un ágape (foto), se tomó el trabajo de dibujar y autografiar todo lo que le pidieran. Menos a mí. No me animé. Creo que apenas pude saludarlo, aunque alguien le comentó que estaba haciendo mis primeras armas como ilustrador en la editorial.

Con esa espina clavada volví a la Redacción y se lo comenté al gran Emilio Marcelo Jozami, periodista de espectáculos encargado de entrevistarlo. Con la amabilidad que lo caracteriza y casi sin conocernos me dijo: “¿Te animás a verlo esta tarde en una librería y hacerle alguna pregunta? Yo ya tengo todo, pero a lo mejor te dice algo más. Tomá mi grabador”.

Ese gesto cómplice me sirvió esa tarde para colarme entre cientos de personas, aunque después de intentar contactarme, recibí la negativa de los dueños de la librería que ya no querían más prensa.

En ese momento, Quino me ve cerca, me reconoce, deja de firmar y me saluda. Lo único que atine fue a completar la faena que no me había animado horas antes.
Esta vez con un libro en la mano listo para ser autografiado, balbuceé: -Maestro, ¿me puede dibujar un Miguelito? Es mi preferido.
-“¿Miguelito?, me dijo. “A ver si me sale, porque casi nadie me lo pide”.
Fue una tarde mágica para mi. Tenía sólo 18 años y muchos sueños, y el maestro Quino tuvo un gesto inconmensurable. Debajo del dibujo escribió: “Para el colega, Pablo. Con un abrazo”.

“COLEGA”

Veintitantos de años después, se me sigue haciendo un nudo en la garganta cada vez que recuerdo ese día.
¡Feliz cumpleaños, colega y maestro Quino! Gracias por tanto.

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