Juan Carlos Carabajal*
Escucho 9 de Julio diestramente tocado por Ventarrón & Varela en su nuevo disco “El desbande” (2019, Epsa) e inmediatamente la mente y el alma me llevan a la región feliz de mi infancia, cuando el tango decía presente en la mayoría de las emisoras que sintonizábamos en familia, a través del viejo receptor a batería.
El ambiente era bucólico. En el ignoto paraje del interior santiagueño -El Pértigo, departamento Moreno, distante 70 kilómetros de Quimilí- se alzaba una vieja casa con paredes de ladrillo y techo de tierra frente al camino nacional que nos conectaba con la “civilización” y a las vías del tren que circulaba a poca velocidad trayendo el tanque de agua para la población, los pasajeros, la mercadería y la correspondencia.
Abel Chango Carabajal, mi hermano mayor, le pidió a mi viejo una guitarra, que vino envuelta en un embalaje de madera. No recuerdo si era Casa América o Antigua Casa Núñez pero esto poco importa. Importa el deslumbramiento que produjo en la familia el hecho de que Chango comenzara a tocar con entusiasmo aquel noble instrumento sin ninguna instrucción formal. Todo en él era pura intuición pues no había en la aldea nadie que supiera enseñarle ni siquiera a poner los dedos sobre el diapasón.
A la mañana temprano mi hermano colocaba un ejemplar de “El alma que canta” o el “El Canta Claro”(dos revistas clásicas de otras épocas) y “sacaba” los tangos más en boga rodeado por la familia en la deliciosa mateada matinal.
De ese aprendizaje pude aprender que “Inspiración” va en Mi menor y “Amurado”, de Pedro Laurenz, en Do sostenido menor y hasta me lucía tarareando las variaciones de “Quejas de bandoneón” y de “Recuerdo”, de Osvaldo Pugliese.
La cita impostergable era el Glostora Tango Club, emitido en vivo desde el auditorio de Radio El Mundo y que hacía vibrar nuestros corazones. Los domingos al mediodía se escuchaba en cadena de Radio Belgrano un programa de tango auspiciado por Jabón Federal.
Mientras esto escribo me parece vivir de nuevo aquellas sensaciones que no se han borrado, a pesar del tiempo transcurrido. Escucho a buen volumen a Ventarrón & Varela tocar magistralmente el tango “La cantina” de Troilo y Cátulo Castillo. Cuando niño, yo cantaba ese tango con enorme placer. El sonido de estas cuerdas me recuerda con qué deleite escuchaba las guitarras que acompañaban a Gardel, a Edmundo Rivero y al Negro Miguel Montero. No puedo dejar de mencionar a la dupla de Aníbal Troilo y Roberto Grela… ¡maravillosos!
Cómo no emocionarme al escuchar estas versiones remozadas de “Gran Hotel Victoria”, “Organito de la tarde” y “Mi tango triste”, por citar sólo algunos de los doce temas que el quinteto ha elegido para este volumen.
Vaya un abrazo para Ventarrón, músicos que muestran tanto virtuosismo como apego por nuestra música popular. Ellos son: Emiliano Ferrer (guitarrón y arreglos), Hernán Cuadrado (contrabajo), Mariano Lucesoli (guitarra base y arreglos), Gustavo Margulies (segunda guitarra), Roberto Calvo (primera guitarra, arreglos y dirección). Invitado: Emiliano Faryna (guitarrón). En el canto Juan Varela, artista de un destacado historial que incluye, entre otros, a Los Andariegos y al Chango Farías Gómez.
¡¡ Un trabajo altamente recomendable!!
*(Santiago del Estero, invierno de 2019)

