Por Fabio Carabajal
Cincuenta años constituyen un buen momento para hacer una breve pausa, comprar una sidra en el súper, ponerla a enfriar y luego destaparla con amigos y vecinos. El momento ideal para mirar hacia el pasado y recordar.
Dice el relato oral de esta parte de la ciudad que la piedra basal del barrio se colocó en Paraguay y Venezuela, en la vereda de don Carlos Carmona, quien por entonces presidía el Centro de Empleados de Comercio.
Ubicado a metros del Arco de ingreso de Santiago del Estero; al principio, la denominación era Barrio Mercantil y las calles estaban numeradas. Eran épocas bien distintas al hoy, cuando la ciudad prácticamente terminaba en Belgrano y Solís. De ahí, hacia el Sur, todo o casi todo estaba aún por hacerse.
Una foto de archivo con música. Las familias Coronel, Fernández y Peralta en la foto.
Los empleados de comercio santiagueños y sus esposas venían a esta zona los fines de semana, a mirar cómo se edificaban las que serían sus viviendas.
Compartían un precario asado con quienes llegaban al lugar con la misma ilusión compartida del techo propio. Eran los primeros vecinos del barrio que, años después, cambiaría su denominación por América del Sur y cuyas calles cambiarían de números a nombres de países sudamericanos.
Doña Lucy de Fernández, la querida enfermera del barrio, firmando las escrituras de su casa
La nostalgia por aquellas épocas (fines de los ´60, principios de los ´70) aflora en el relato de aquellos vecinos a los que alude el párrafo anterior, convocados para esta nota con la intención de hilvanar un poco los recuerdos: Miriam de Palazzi, Lucy de Fernández (la querida enfermera de todos), Silvia de Hernández (esposa del recordado Pepe Hernández, periodista de la televisión abierta local). A ellas se suma Reina Moyano, quien arribó al barrio en 1981 para habitar una bonita casa esquina.
Reunión de vecinos del barrio, con Lili Céliz en el centro
Todas refieren una historia similar: venir al naciente barrio significaba casi una aventura. Ellas provenían de otros barrios y se internaban en un mundo nuevo y desafiante. En los relatos de cada una ocupa un lugar preponderante las inundaciones de 1974, cuyas aguas anegaron cuanta casa de la zona, permaneciendo así durante un tiempo prolongado, hasta recuperar la normalidad.
Don Coco Corvalán, vecino muy querido del barrio, periodista de profesión
Tras esa mala experiencia vino el pavimento (quizás uno de los mejores de Santiago) y el sostenido crecimiento del barrio, con casas vistosas y de moderno aspecto.
Luego, varias veces se repitió la inundación. Pero ocurría sólo por unas pocas horas. Cada vez que caían lluvias abundantes, las aguas del canal desagüe sobre la calle Uruguay anegaban el barrio. Esto fue solucionado en años recientes con el significativo ensanchamiento de ese desagüe. Actualmente, en las voces de los vecinos del barrio es unánime el deseo del entubamiento de ese curso de agua, básicamente por los malos olores y la existencia de alimañas. Otros piden la renovación de la iluminación callejera y el refuerzo de la seguridad nocturna. Hay quienes señalan como necesarios unos semáforos en las calles con intenso tránsito.
Postal de alguna de las pasadas inundaciones que ocurrían antes del ensanchamiento del colector
Representando en esta nota a las generaciones de edad intermedia (es decir, a los que hoy cuentan con un poco más de 50 años de edad) el que habla es que David Acosta, “Adito”; para los vecinos. Un apasionado del ajedrez, este docente rural destaca los dorados años de su niñez y juventud signados por el fútbol, los amigos y una serie de códigos sociales que de a poco van cambiando en direcciones nuevas, bien distintas. “Adito” destaca la solidaridad y el permanente contacto entre la gente de aquellos años. Refiere también el respeto que reinaba entre los chicos hacia sus mayores. Y hay un episodio especial en su emocionado relato: el día que los músicos de rock León Gieco y Gustavo Santaolalla vinieron a visitar a Rubén Palavecino, el hijo de don Sixto, quien vivía sobre la calle Guyana. De manera natural empezaron a interactuar con los vecinos que, curiosos, llegaban a saludarlos.
Entre los nombres que van surgiendo entre quienes rememoran la historia del barrio surgen los de las familias Carabajal, Miguel, Cejas, Campos, Sgoifo, Agüero, Diosquez, Palavecino, Villarreal y tantos otros. La lista es, en realidad, mucho más extensa.
LA FIESTA
El festejo por los 50 años del barrio será este sábado 28 de septiembre de 2019, a partir de las 20 horas, sobre la calle Brasil, entre Paraguay y Guyana. Habrá música de cumbia y de folklore, con diversos artistas. También habrá danzas y estará la Murga Ilustres del Carnaval. Actuará también la Orquesta Municipal.
El evento es organizado por el Centro de Jubilados del barrio, que se reúne de manera frecuente en el salón de fiestas ubicado en la dirección más arriba mencionada y desarrolla allí variadas actividades.
Será el momento ideal para hermanarse en un abrazo colectivo y brindar por el querido barrio América del Sur.
¡¡¡A tu salud, querido barrio!!!






