Por Andrés Fundunklian , Vos, La Voz
“Vienen las canciones nuevas, llenas de canciones viejas” canta Micaela Vita al comenzar la presentación de Duratierra. La plaza, con un imponente marco (85 por ciento de ocupación, según datos oficiales), observa expectante después de conmoverse con Ramiro González, delirar junto a José Luis Aguirre y antes de un cierre impensado años antes en el festival de la mano de Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño con su proyecto HermanoHormiga.
Empecemos por el final. Lo de Barrionuevo y Aristimuño fue un viaje mágico por joyas de su repertorio y páginas gloriosas del cancionero argentino y latinoamericano. La primer postal funcionó como gran resumen del concierto y el estado en que ambos están viviendo esta hermandad. Abrazados, irrumpieron en el escenario y se colocaron al frente, bien cerca de público, provistos de sus guitarras, dos sillas y dos copas de vino. En rigor, también tenían dos cajas copleras, que utilizaron justamente para abrir con la vidala Subo del Chivo Valladares, que popularizó Jorge Cafrune (nombre clave en esta edición a raíz del inolvidable homenaje del jueves) y que varios años más tarde interpretó Liliana Herrero, “la mamá hormiga” del proyecto como ellos la bautizaron en algún momento.
La presentación, que duró casi dos horas, transitó por diferentes climas y sonoridades, con una puesta de luces realmente para destacar y una intimidad que se fue generando poco a poco a pesar de la inmensidad del contexto. Hubo pasajes emotivos, como cuando Lisandro le agredeció a Raly por la posibilidad de estar por primez vez en el festival y el bloque que el músico santiagueño le dedicó a su madre, de quien justo se cumplen cinco años de su partida; también versiones conmovedoras de El surco (Chabuca Granda) y El necio (Silvio Rodríguez) y festejadas chacareras, incluyendo Amiga tierra querida del último disco de Barrionuevo y dedicada a todos los que la aman y la defienden.
El cierre fue otro momento imborrable con los artistas entregados y el público coreando como un mantra el estribillo de Al amanecer, ese bello tema del mexicano Ramón Gutiérrez Hernández que Raly grabara alguna vez junto a Verónica Condomí. Aunque faltaba un poco para que despuntara el alba, con la fuerza de la repetición (“cantando al amanecer”) hasta pareció que ya estaba clareando.
Sorprendente fue también lo de El Vislumbre del Esteko, el grupo encabezado por Santiago Suárez acompañado fielmente por su público, que deliró con una pequeña maratón de chacareras y guarachas santiagueñas a pesar de los evidentes desperfectos de sonido. Sin dudas, una banda con espíritu de culto pero camino a la masividad.
