Por Rubén Gringo Ceballos
Especial para Noticias del Estero
Una semana antes de Navidad, Argentina estará jugando la final de la Copa del Mundo. Así de extraño suena. Tan raro es todo, que en Santiago vemos los partidos con 40 grados afuera. Lo que no es raro ni extraño es que la Scaloneta llegó al partido más importante del Mundial. Se lo merece, sobradamente. Es un equipo, con todas las letras. No será el equipo más vistoso, pero ninguno tiene más corazón. No será avasallante con los rivales, pero ninguno es más serio. Ninguno trabaja y lucha tanto en pos de un objetivo como el seleccionado argentino. Es un equipo tan inteligente, que sabe sobrellevar los diversos momentos que tiene un partido. Sumado a todo eso lo tiene a Messi, en su mejor versión en una Copa del Mundo.
Ni el más fanático hincha argentino habrá pensado que la semifinal se iba a ganar casi sin despeinarse. Después de la batalla con Países Bajos, se esperaba un encuentro con altísima tensión. Hubo nervios, sí. Se estudiaron un buen rato en la primera parte. Pero Argentina tiene una virtud fundamental en este tipo de partidos: siempre golpea primero. Hace un un gol y a partir de ello construye su dominio y sus victorias. El penal convertido por Messi nos calmó a todos, más aún cuando parecía que lo acompañaba una molestia física desde los minutos iniciales.
Una corrida memorable de 60 metros de Julián Alvarez, trabando dos veces en el área y convirtiendo, nos hizo divisar a Kempes y su recordado gol ante Holanda en la final del ’78. La Scaloneta tiene la contundencia a flor de piel. Un 2 a 0 que desmoralizó a los croatas. Más aún cuando Modric y compañía no habían generado casi nada en el área albiceleste.
Argentina siguió con el 4-4-2 tras el descanso, con Julián corriéndolos a todos, con Fernández cerquita de Modric, con un Tagliafico descomunal y con dos fieras en la zaga como Romero y Otamendi. Como sucedió en otras ocasiones, Scaloni armó la línea de 5, y el equipo demostró su pragmatismo, se adapta a diversas circunstancias sin ningún tipo de problemas. Messi volvió a asentar que es su mejor Mundial, hizo una jugada extraordinaria y le sirvió el doblete a Julián. 5 goles (pasó a Batistuta como máximo goleador del seleccionado en los mundiales con 11 goles en total) y 3 asistencias lo muestran al 10 en un nivel supremo. A un pasito de coronar.
La Selección Argentina alcanzó su 6ta final de la historia y la segunda en 8 años y medio. La ilusión en Qatar, en Usuhaia, en Clorinda, en Paso de los Libres, en San Martín de los Andes y en cualquier rincón de la Patria es gigante. Niños y niñas, abuelos, padres, laburantes, estudiantes y empresarios, todo el pueblo futbolero, sin distinción ideológica y sin importar camisetas, soñarán cada noche de aquí al domingo con esa imagen que todos tenemos en la mente, pero nadie quiere expresarla. Sigamos creyendo, ya lo dijo Messi tras la derrota en el debut: “No los vamos a dejar tirados”.
