Por Gustavo Caro
Especial para NOTICIAS DEL ESTERO
En abril del año pasado me encontraba en Jujuy por razones de trabajo. Una de esas noches, mientras cenaba en un restaurante, escuchaba por mi celular a los muchachos de La Hora de Central trasmitir un partido del ferroviario por el Federal “A”. Habíamos vuelto a ese torneo después de tres años de pelear el descenso en el Nacional B. Nos había costado muchísimo retornar a la segunda categoría del fútbol argentino desde aquel invierno de 1992, cuando la dejábamos tras seis temporadas, siendo unos de los clubes artífices e inaugurales de la misma.
Todavía estaba fresco el ascenso logrado en San Juan el 12 de noviembre de 2014, cuando le ganamos la final a Unión Aconquija de Catamarca. Y todavía me dolía el descenso que miré por weben la habitación de un hostel de Amaichadel Valle la fría noche del 31 de julio de 2017.
Entonces salí a quemar el dolor en la vigilia por el día de la Pacahamama. Entre fogatas de medianoche, le agradecí a la Pacha permitirnos tanto andar. Y regándola con vino patero le pedí que nos permita seguir haciéndolo, en el rumbo que sea.
Nuestro retorno al Federal “A” fue de paso rápido. Con marcha de campeón, el Tren del oeste logró un ascenso histórico el 22 de abril de 2018, regresando en menos de un año a la B Nacional. Los vinos regados a la Pacha habían sido correspondidos y yo celebré aquel domingo desde Tucumán, brindando con un tinto que había guardado para la ocasión.
Sin otro objetivo que el de mantener la categoría, la nueva temporada nos tendría nuevamente peleando el descenso y ocupando el último puesto de los promedios en las primeras diez fechas. Pero como esos hinchas dispuestos a llegar a donde sea -como aquella vez en 1994, cuando llegamos a Metán trepados a un camión que transportaba vacas, para verlo al ferro en un partido por el Torneo del Interior-, en la segunda parte del torneo el ferroviaro empezó a tensar la ilusión de otra cosa. Y otra vez los barras entrábamos en zona de excitación. No hay paz para un hincha ferroviario. Lo nuestro es un intenso andar.
Y así es como el 8 de junio de 2019, el universo o la Pacha o el Ferro -que a esta altura para mí ya son lo mismo- me vuelven a ubicar en Jujuy. Así es como esa tarde busco un bar, pido un birra y el mozo toma el control remoto para sintonizar el partido en Junín. Así es como terminamos, el mozo y yo, abrazados en la parsimonia de la tarde jujeña gritando el gol del Pelado Ramírez. Así es como ese penal clavado al ángulo me lleva de viaje al toque sutil de Manuel Rojas para ponerla en el segundo palo de Roma, en la Bombonera, en 1967; me lleva de vuelta a la cancha de Mitre para ver como el “Pollo” Roldán se la clava en el primer palo a Yelpo, desde un lugar imposible, y poner el 3 a 2 en esa final que nos dará nuestro primer ascenso al Nacional B, en julio del 1986.
Y así es como en cada instante de aquel festejo, pasan los paisajes de las rutas transitadas, la sonrisa de mi viejo, el Pibe Caro, con su camiseta de Central Córdoba campeón de la Liga Santiagueña de 1948 o los asados de mi tío Congo Cáceres para los planteles ferroviarios que pasaban por su patio. Y en esos rostros, todas y todos los ferroviarios son un viaje en ese abrazo.
Hoy la marcha ferroviaria empieza un nuevo tránsito. Sigue con su historia. No sé a dónde nos llevará. Me arriesgaría a afirmar que eso casi no nos preocupa. Que lo nuestro es andar y llevar nuestra alegría con la dignidad de los que sabemos cargar también nuestras lágrimas. Se trata de andar caminos como un destino que parte siempre desde el oeste. Gracias Central Córdoba por llevarnos en vos.




