Hace 30 años, Myriam Elizabeth Navarrete, siendo apenas una adolescente de unos 16 años, vivió el momento más terrible de su vida. Su propia madre le arrebató a su hija a minutos de haber nacido para entregársela a otra familia, “aparentemente a cambio de una máquina de coser y algunos pesos”, según el relato que ella misma dio en una conmovedora carta que publicó en su cuenta de Facebook, en un ruego desesperado para que alguien la ayude a reencontrarse con su hija.
“No busco venganza contra nadie, lo que pasó quedó en el pasado, pero no me quiero morir sin saber dónde está mi hija, quiero encontrarla, decirle que la quiero. Ella decidirá si me acepta o no, pero no quiero seguir viviendo con este dolor en mi corazón, por no saber dónde está mi hija”, expresó entre sollozos la mujer en un contacto telefónico que mantuvo con NOTICIAS DEL ESTERO.
Conmovida por el dolor que la atormenta cada día, Myriam revivió aquellos días, cuando su madre la mantuvo “prácticamente cautiva durante los nueve meses de embarazo”, hasta que dio a luz “entre agosto de 1986 y abril de 1987”, en el Hospital Regional Dr. Ramón Carrillo de la capital santiagueña.
Su hija nació por cesárea, pero pudo ver a la beba apenas unos minutos, hasta que su madre la entregó a una familia que residía en unos edificios de departamentos ubicados en Bolivia e Irigoyen, a una cuadra del lugar donde Myriam vivía con su madre y hermanos, en una suerte de conventillo.
De acuerdo con lo expuesto en la denuncia presentada en febrero de este año en el Juzgado de Crimen de Segunda Nominación de Santiago del Estero, la entrega de su hija fue realizada en el mismo centro de salud, hasta donde habría llegado una persona que –según sus sospechas- habría sido la intermediaria para la entrega de la recién nacida a un matrimonio de Buenos Aires.
“Desconozco cómo, si mi madre los contactó o viceversa, es que organizaron la entrega de mi hija, aparentemente a cambio de una máquina de coser y algunos pesos….
Aún convaleciente en el hospital, reponiéndome de mi cesárea, recuerdo que la Sra. F. junto a su hija se apersonaron para llevarse a mi hija. Ni siquiera me dejaron verla o despedirme, me la arrancaron como si fuera un animal”, cuenta Myriam en su carta publicada en Facebook.
El relato continúa: “Cuando regresé a mi casa no podía parar de llorar, le rogué a mi madre que me llevara a ver a mi hija. Para callarme, accedió a caminar esa cuadra. Cuando llegamos a la casa de los W. (apellido de la familia) nos atendió A. D. N. y, amenazándonos con la idea de que tenía un revolver en su bolsillo, nos dijo que la bebé ya no se encontraba allí, que no molestáramos nunca más o íbamos a pagar las consecuencias.
Meses más tarde huí de mi casa con lo puesto hacia Buenos Aires y no regresé sino hasta el mes de febrero de 2016, fecha en la que finalmente me fue posible, después de 30 años, enfrentar a mi madre.
Pensando que arrepentida me daría algún dato sobre el paradero de mi hija es que tomé coraje. La respuesta menos esperada llegó. Fría e incapaz de sentir amor o empatía por nadie, tal como la recordaba, me contestó: ‘No recuerdo, buscala, a ver si la encontrás’.
Por segunda vez sentí ese vacío, el mismo que sentí el día que se llevaron a mi hija”.
Sacudida por el destrato de su propia madre, Myriam se dirigió al día siguiente al domicilio actual de la familia que habría participado de la separación de su hija recién nacida.
“Para mi sorpresa –relató- la Sra. F, hoy una persona mayor, barría la vereda. Le dije quién era, le pedí que por favor me confesara a quién o en qué lugar habían entregado a mi beba. Le supliqué; ‘Ponga su mano en el corazón, no encubra más, usted es madre, abuela, bisabuela…’. Me respondió que a ésa bebé se la había llevado una familia de apellido Romagnoli, con jugueterías en Buenos Aires, que no recordaba nada más. Le pedí hablar con su hija o yerno, pero me despidió sin más”.
Ese mismo día Myriam hizo lo que hasta entonces no se había animado. Acudió a la Justicia y denunció formalmente a su propia madre y a las tres personas que participaron de la entrega de su hija.
La carta que Myriam publicó en Facebook termina con un mensaje para aquella beba –hoy una mujer de casi 30 años- que le fue arrebatada de su lado: “Querida hija: nunca dejé de buscarte. Viví un verdadero infierno junto a mi madre, las peores atrocidades que un ser humano puede tolerar en toda una vida, yo las he vivido con escasa edad, pero pude transformar el dolor y formar una familia maravillosa que me ama y sostiene.
Sé que nos encontraremos algún día y nos fundiremos en un abrazo profundo donde sobrarán las palabras. Te busco, te espero, te voy a encontrar hija mía”.
