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Victoria quiere seguir disfrutando de los colores de la vida y necesita ayuda de todos

Victoria quiere seguir disfrutando de los colores de la vida y necesita ayuda de todos

Victoria nació hace cuatro años, pero vio la luz por primera vez hace dos, luego de pasar por una compleja operación que le permitió encontrarse con la imagen del rostro humedecido por las lágrimas de su mamá, Ivana Lazarte. Hasta entonces, sólo la reconocía por su voz.

Desde aquel día, acompañadas por amigos, familiares y vecinos, ellas sostienen una lucha constante contra una ceguera congénita, pero recuperable, que requiere de un tratamiento que tiene por lo menos 20 años más de trajinar, entre consultorios, gotas, lentes especiales y quirófanos, con gastos incalculables.

Victoria Álvarez nació con estrabismo, astigmatismo e hipermetropía. “Al principio pensábamos que no se reía cuando le hacíamos jugar porque tenía mal carácter. Hasta que nos dimos cuenta que no veía. Eso nos partió el alma”, confiesa Ivana, de 33 años, enfermera del barrio El Cruce de La Banda. A los cinco meses de vida su hija ya debía usar lentes. Desde entonces fue sometida a dos operaciones en un centro especializado en la provincia de Córdoba.

Según explicó la madre, el problema de su hija tiene origen en una malformación de los músculos de la cara que están conectados con el globo ocular, lo que le impide su normal crecimiento. La única forma de garantizar que ella no pierda la vista por completo es realizar hasta los 25 años una serie de operaciones que le permitan ir forzando el crecimiento del órgano hasta llegar a la plenitud de su desarrollo.

Esta es la pelea que a diario libra esta madre con su pequeña hija, a quien intenta por todos los medios darle lo que todo niño necesita: juegos, risas y un mundo lleno de amor, con todos sus brillos y colores.

“Ivana asiste al Jardín de Infantes María Adela Agudo; es alumna destacada. También le gusta bailar y concurría a la Academia de Folclore Sixto Palavecino del barrio El Cruce. Ahora está aprendiendo a andar en bicicleta, pero al ir perdiendo la visión nuevamente se siente con mucha frustración, porque cuando baila no puede seguir los pasos, o cuando sale en bicicleta se cae porque no ve los baches o desniveles en el suelo. Eso la pone muy triste y la única solución es operarla nuevamente. Para eso estamos trabajando mucho”, cuenta Ivana.

Como en muchos casos, la pandemia de covid 19 alteró los planes de Vicky, quien tenía programada la operación para julio próximo en la clínica Onnis, en Córdoba, donde ahora sólo atienden urgencias.

“Mientras más tiempo pase, más grave es la malformación. Por eso estamos vendiendo empanadas con ayuda de la gente de la academia de folclore, con amigos y familiares. También los chicos de la academia venden artesanías en madera para ayudar con los gastos”, agrega la madre. Todo sirve para hacer más liviana la carga económica, que incluye el costo de la intervención quirúrgica, los gastos de viaje, alojamiento, comida, rehabilitación, medicamentos y también unos lentes especiales indicados especialmente para el período post operatorio.

“Estamos agradecidos con tanta gente que nos ayuda desinteresadamente, con donaciones, con la compra de empanadas o artesanías. Pero tenemos que seguir trabajando para que mi Victoria pueda tener una vida plena, bailando en la academia, jugando en el jardín o con su bicicleta”, expresó Ivana. Quienes deseen colaborar, pueden comunicarse con la madre al teléfono 0385 155925532, o bien a través de la página de Facebook de la Academia de Danzas Sixto Palavecino.

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