Por Alicia Chavez y Mariana Machin*
Especial para NOTICIAS DEL ESTERO
El 3 de junio es una fecha de sentimientos encontrados. Surgió en 2015, luego de una sucesión de femicidios. En mayo del mismo año, fue encontrado el cuerpo de Chiara Paez, en Rufino, Santa Fe, una joven que estaba embarazada. Este hecho marcó un punto de inflexión para las militantes feministas y para la sociedad toda.
Desde entonces es mucho lo que hemos avanzado en términos de visibilización, sensibilización y posicionamiento público sobre los temas de la lucha de las mujeres y diversidades. Nuestros reclamos han ganado las calles, los medios de comunicación y los espacios de debate legislativos. Entendemos que son demandas legítimas que a fuerza de insistir, de compartir y de estrechar lazos entre diferentes espacios, van logrando un reconocimiento que apunta a la igualdad, la equidad y la justicia.
Sin embargo, vemos con dolor que todo aquello, está muy lejos de ser suficiente. Recientemente se han publicado las cifras de la cantidad de femicidios ocurridos en 2019. El promedio es de una mujer o trans asesinada cada 32 hs. En más del 70% de los casos, en sus propias casas.
En el contexto de aislamiento que estamos viviendo, ello no es un dato menor. Así lo demuestra también el crecimiento de las consultas a la línea nacional 144 por casos de violencia contra las mujeres. De igual manera, y cuando muchos otros problemas sociales como los accidentes de tránsito o incluso las enfermedades de estación, se han visto sensiblemente reducidos, la tasa de femicidios se mantiene constante.

Algunos espacios han llamado a esto “La otra pandemia”, sin embargo, creemos que equiparar la violencia contra la mujeres a una enfermedad, es quitar la responsabilidad social a las prácticas que tenemos internalizadas, y con ello nos referimos no sólo a la violencia física que se manifiesta mediante golpes (o en su punto extremo, asesinato), sino también a los múltiples comportamientos que tenemos naturalizados como el sostenimiento de las tareas de cuidado y maternales.
Niñas, no madres
En este sentido, a nivel local, para los grupos feministas está demasiado fresco aún el reciente caso de una niña de 12 años que actualmente cursa un embarazo. La noticia, surgida en los medios nacionales, puso en evidencia, una vez más, la desprotección en la que se encuentran las personas de sexo femenino, pero especialmente, las que pertenecen a los sectores económicamente vulnerables. María, tal es su seudónimo, no sólo fue abusada sexualmente, sino que ni siquiera está escolarizada. Su caso nos plantea muchas preguntas: ¿Cuál es el límite para hablar en nombre de “la vida”? ¿Hay límite posible en la supuesta defensa de la vida, cuando en pos de defenderla, se obligan a niñas a parir? ¿Qué respuesta le otorga el Estado a las víctimas, cuando el adulto quien debería encargarse de sus cuidados, las abusa?
A pesar de que en nuestro país existe una Ley de Interrupción Legal del Embarazo (ILE), algunos profesionales de la salud siguen dilatando los tiempos para que dicho proceso no pueda llevarse a cabo. Precisamente la creencia de que la maternidad existe como destino, como mandato, es que muchas veces se llega a pensar que una mujer debe continuar con el embarazo porque ‘así debe ser’.

Esta creencia, que deviene de las prácticas religiosas, sostiene a las mujeres como “incubadoras”, aún a sabiendas de que ese proceso de gestación debe ser atravesado en el cuerpo de una niña, incluso con el conocimiento de que fue a raíz de una violación, en la mayoría de los casos, intrafamiliar.
Los grupos feministas consideramos que una supuesta “defensa de la vida” no debe encubrir crímenes, y obligar a niñas a continuar gestaciones que no son producto de su voluntad y donde sus derechos se vulneran sistématicamente.

Finalmente, destacar que como actividades para conmemorar este 3 de Junio, a nivel nacional, el grupo NiUnaMenos realizará una transmisión en vivo con lectura de documento consensuado nacionalmente. En el contexto local, Asociación de Pensamiento Penal, Red de Abogadas Feministas, Mala Junta, Mumala, MTE, Asamblea Permanente por los DDHH, Mocase, Somos, Marea, La Poderosa, La Mariátegui, convocadas por la colectiva NUM, compartieron un espacio de reflexión sobre redes feministas en tiempo de aislamiento social, a propósito de los 5 años del primer #3J. El registro de este conversatorio, será publicado en redes en el transcurso de la tarde.
Además, la colectiva NUM, realizará una transmisión en vivo, a las 20, desde su cuenta de Instagram con lectura de documento. Para la noche está previsto realizar un proyectorazo de imágenes en espacios de la ciudad junto al grupo de artistas visuales #ContagiandoImagenes.
- Integrantes de la Colectiva Ni Una Menos
